Opinión

Empleos necesarios para los desempleados del 2020

 

Fuente: Mireya Lasso –  Panamà.

Las últimas cifras oficiales divulgadas indican que el desempleo abierto en nuestro país —individuos disponibles para trabajar, pero que no consiguen empleo— se cifró a agosto pasado en el 5.

Las últimas cifras oficiales divulgadas indican que el desempleo abierto en nuestro país —individuos disponibles para trabajar, pero que no consiguen empleo— se cifró a agosto pasado en el 5.8 % de la población económicamente activa, comparado con el 4.9 % el año anterior y 3.0 % en el 2011. En términos absolutos, cerca de 140 000 personas estaban desempleadas en agosto pasado, de los cuales la mayoría eran mujeres con capacidad y disposición para el trabajo, pero hasta entonces no encontraban empleo. Más de la mitad eran jóvenes entre 15 y 29 años. Esta anomalía sucede en una economía que no crece adecuadamente, con una situación fiscal asfixiante, una deuda pública heredada al límite de nuestra capacidad de repago y una nueva Administración que se ha impuesto la creación de puestos de trabajo suficientes en un ambiente que limita su capacidad para resolver, mediante la planilla estatal, la demanda de trabajos de la población.

El problema está plenamente identificado y dimensionado. Hay más desocupación en áreas urbanas que en las rurales. Colón es la provincia con mayor desocupación —12.1 % de la población económicamente activa— y Los Santos arroja la menor tasa —0,6 %— en el país. El aumento es atribuible básicamente a la culminación de grandes obras públicas y falta anterior de una clara política agropecuaria e industrial.

Por otro lado, a la par del desempleo abierto existe la informalidad de personas que brindan servicios o ejercen comercios o industrias fuera del sistema que permite operar y recibir los evidentes beneficios de la formalidad. Para agosto del presente año más de 716 000 personas —un 45 % de la población ocupada— ejercían empleos informales, representando 36 000 individuos adicionales al año anterior. Estos adictos a la informalidad no asumen todas sus obligaciones con el país ni la carga fiscal proporcional que les corresponde ni tampoco recibirán los beneficios que ofrece el sistema formal. Son los trabajadores independientes que ejercen por cuenta propia, que no tienen jefes ni horarios fijos ni contratos de trabajo ni seguridad social; su integración al sistema formal les resulta costosa y les exige mejor formación vocacional o académica. También vemos empresas formales que, para economizar los costos atinentes, contratan trabajadores informales, como obreros de la construcción, choferes, ayudantes, vendedores del comercio, operadores logísticos, etc.

La anomalía no es nueva: mientras 140 000 personas buscan trabajo en la empresa privada o en el sector público y no lo encuentran, más de 700 000 individuos se ganan la vida de una u otra forma, abriéndose camino fuera de las reglas formales necesarias para lograr el desarrollo ordenado de la sociedad en general. Este mismo diario ha venido insistiendo en los problemas atinentes a la pobreza, la desigualdad y el empleo informal desde hace años, calificándolos como “asignaturas pendientes del crecimiento del país”.