Opinión

EMOCIOCRACIA, LA DICTADURA DE LAS EMOCIONES

Por NÍNIVE ALONSO

Abogada, Filósofa y philosophical counselor

Desde España para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador

ninivealonso@hotmail.com

 

Estamos en una sociedad que promueve el poder – Kratos – de la emoción, la emociocracia, y su más drástica y peligrosa versión: la dictadura de las emociones, bien por moda, por negocio o por dominación.

Si durante siglos los filósofos habían instituido la razón como un poder superior a la emoción, no falto nunca, sin embargo, la búsqueda de un cierto equilibrio entre ambas, entendiendo que la emoción por ser algo más innato e inmediato debía ser guiada –y en algunos casos jerarquizada- por la razón.

A lo largo del tiempo, entendimos que negar el poder de las sensaciones, emociones y sentimientos sepultándolos bajo las frías losas de lo racional no solo era injusto, sino que era un error e iba en contra de la propia evolución del género humano como garante privilegiado del mundo compartido.

Dentro de la filosofía tratamos esta gestión entre la de la Emoción y la Razón desde la disciplina de la Ética y la moral, en la que se establecen las conductas humanas correctas ideales o esperadas, que debiéramos tener en cada situación crítica, atendiendo, en términos generales, a un vínculo más o menos satisfactorio entre las emociones y la razón, plasmado en las acciones.

Sin entrar en disertaciones complicadas y académicas como las diferencias entre las teorías basadas en el racionalismo, el emotivismo y el voluntarismo, la experiencia reflexionada nos lleva de nuevo al sentido común del término medio, pues las sociedades que se guían únicamente por la emoción nos llevan a la quema de brujas y las sociedades que se rigen únicamente por la razón a los campos de concentración.

Las primeras guiadas por la sensación, el momento y la superstición, por lo que “apetece” hacer y por los bajos instintos de la animalidad más salvaje, olvidando criterios racionales y entrando en la estupidez y el sinsentido extremo. Las segundas, las sociedades hiper-racionales, instrumentalizan la razón y cosifican a las personas, nos llevan al exterminio, a Auschwitz.

Si revisamos todo este aprendizaje, siglos de reflexión y recorremos la historia con gafas filosóficas, nos damos cuenta que nuestra actual sociedad es una sociedad dominada por la emoción, donde unas élites, no intelectuales, sino económicas hacen negocio con ese emocionalismo de los individuos traduciéndolo en sumisión y gasto continuado, ¡en negocio! La publicidad es el caso flagrante; ya no vende cosas ni productos, sino las emociones que vas a sentir con esos productos.

Pero existen, también, casos sutiles que producen un ese fracaso ético de la sociedad.

Son expresiones muy utilizadas y aparentemente inofensivas:

– “Déjate llevar por tus emociones”

– “Sé tú mismo”

– “Haz siempre aquello que sientas” que esconden el individualismo y la falta de compromiso personal con lo social.

Cada vez hay menos lazos sólidos en parejas, amistades o compañeros de trabajo; Los ancianos están olvidados, la familia en declive y la política no interesa verdaderamente a nadie, más que a los políticos porque es su business.

La emociocracia, la dictadura de las emociones, es el olvido de la razón general, donde cada uno hace lo que le apetece en cada momento, sin el “deber ser” necesario y sin importarle más que sí mismo.

Una sociedad resquebrajada en valores, vacía de ética y fácilmente influenciable.

La emociocracia es, en definitiva, ¡el negocio sobre el egotismo!