Opinión

Elvis: luz y sombra

Jorge Alania Vera
Jorge.alaniagmail.com
Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN DE Guayaquil, Ecuador

Estaba inconsciente en su cuarto de baño, una lujosa habitación que tenía un verdadero trono, un televisor, teléfonos, muebles, bañera gigante, espejos, y estaba en el segundo piso de su mansión don Graceland. Después de quitarle la revista pornográfica que tenía en las manos y limpiarle el vómito que le cubría la cara,, lo llevaron al Baptist Memorial Hospital de la ciudad, donde falleció minutos después de las tres de la tarde. La causa oficial de la muerte fue una arritmia causada por el consumo de codeína, demerol, percodán y algunas otras drogas.

La autopsia desveló que sufría también estreñimiento crónico y severo, glaucoma y diabetes. Tenía 42 años. Tanto The New York Times como The Washington Post titularon sobriamente la noticia de su muerte. Destruido por las drogas, la soledad y la fama, pesaba 115 kilos al morir y no era ni una pálida sombra del muchacho que había fascinado Las Vegas, el lugar del mundo más parecido al Paraíso según el actor Dean Martin, pero a cuyos verdaderos ángeles jamás conoció el muchacho de MemphiS.

La fama es una atrampa mortal, porque el personaje trata de parecerse al aclamado y dejar de ser el que es, pero siempre falla. Ser conocido, ser popular, es una droga que embota los sentidos y oscurece el alma, pero casi siempre cura de una soledad irresistible y una inseguridad casi siempre patológica. Cura en realidad es un decir, alivia pero al principio y al final desvela sus grietas, sus acabadas miserias, su enorme tristeza.

Entre el artista y su público, está el escenario, las luces, los fuegos de artificio y, hace ya algún tiempo, las animaciones más increíbles. Mientras lo jóvenes bailan, gritan toman fotos, saltan, el cantante toca el cielo con sus manos y con su voz. Así le pasaba a a Elvis y también a Janis Joplin que solía decir: “En el escenario le hago el amor a 25 mil personas diferentes. Luego me voy sola a casa. Janis se mató a los 27 años con una sobredosis. Un rey herido de muerte. Sentado literalmente en su trono del baño de su casa. Súbditos avariciosos y obsecuentes en todos los pisos, autos en hilera, pijamas de seda, uno color oro que llevaba puesto al momento de morir. Todas las mujeres que amóse habían ido; sólo Ginger de 20 años estaba con él. Su estreñimiento crónico lo llevó a pasar largas horas en su baño. Por ello se construyó un trono allí mismo. Qué increíble ironía: morir en un trono defecando y vomitando…

El rock and roll como toda música popular, es más que música. Como Heartbreak Hotel de Elvis, o Juanita, vals de Pablo Casas que mi madre cantaba cuando estaba triste.