Opinión

EL VERDADERO PROBLEMA ES LA POBREZA

Econ. Marco Flores T.

 

 

 

La BUENA ECONOMÍA entiende claramente el significado de los números sin olvidar la presencia de las personas ni limitarse a tratar con precios, ecuaciones y cantidades. No tener trabajo no se compensa con la sola recuperación del ingreso porque cuando las personas carecen de empleo, también se afectan en su dignidad. Los indicadores económicos no solo son resultados numéricos, tras de ellos está la gente, las familias.

El verdadero y mayor problema económico y social no es la desigualdad de ingresos porque cuando los coeficientes que la miden suben y señalan mayor desigualdad, también se observa que es cuando más disminuye la pobreza. La absoluta igualdad sólo existe en la miseria, cuando con la sola excepción de sus opresores todas las familias viven miserablemente. Tampoco es la codicia porque está siempre presente en toda sociedad, mucho menos la eliminación de los subsidios a los combustibles en Ecuador, ni tantas otras cosas o circunstancias que aunque afectan no determinan. El verdadero problema está en la pobreza de millones de ecuatorianos.

La protesta indígena no solo debe entenderse como la voz de un sector específico de la población total porque esa sería una minimización inaceptable. Hay que entenderla como lo que es, es decir, la voz y el reclamo de los más pobres, aquellos que constituyen al menos un 38 % de la población y están sufriendo graves carencias en nutrición, salud, educación, vivienda, seguridad (pobreza multidimensional) sin oportunidades reales para progresar porque la mayor parte de quienes nacen pobres mueren pobres en el Ecuador.

El Bono de Desarrollo Humano ayuda a mitigar carencias pero no resuelve la pobreza. Incluso si se acepta que beneficia a 1.3 millones de personas no alcanza a cubrir a los 6.7 millones de pobres que viven en angustia y con graves carencias.  En Ecuador  viven por debajo de la línea de pobreza 4.4 millones de personas con menos de $2.8 dólares diarios y sobreviven en pobreza extrema 1.7 millones con menos de 1.6 dólares diarios. Son las cifras del dolor de las que nunca se ocupan y ni siquiera mencionan los analistas que con tanto entusiasmo predican y promueven se realicen sin demora los “ajustes” que se requieran y hagan falta, como vengan pensados y diseñados en los llamados Programas de Consolidación Fiscal pero de los que ellos  siempre saldrán bien librados.

Incrementar precios, tarifas o eliminar subsidios sin compensarlos adecuadamente, agrava la situación de los pobres, de los desempleados, de los subempleados con trabajos precarios, de quienes tienen ingresos fijos y bajos, de los jubilados, de las economías familiares que son muy frágiles y vulnerables a los impactos de mayores costos. Hay que escuchar y entender el mensaje de una inmensa y hasta ahora silenciosa población viviendo con necesidades y en pobreza. Las protestas masivas, la  violencia y la violencia extrema parecen ya estar de la ceja al ojo.

 

Mientras tanto continúa el estancamiento y la asfixia en la economía. Cierto que hay que perseverar en unas finanzas públicas ordenadas y sostenibles, pero es también imperativo introducir políticas y acciones que promuevan inversiones y reactiven la economía. Mayor actividad económica impulsa el crecimiento que genera empleo, mejora ingresos y reduce pobreza. Crear empleo amplía la base de contribuyentes y es el camino correcto para recaudar más y mejor. Esta es la fórmula que no debe olvidar ningún Gobierno. La clave ciertamente está en lograr crecimiento económico inclusivo y sostenible pero también en hacer que las instituciones del país funcionen y funcionen bien.

 

 

Octubre 30 de 2019