Opinión

EL USO DE ARMAS

Dr. Juan Carlos Faidutti Estrada/Guayaquil

No recordamos alguna época en que la delincuencia se haya proliferado tanto y que se haya tomado Guayaquil. Se culpará a la pandemia, al hambre, a la falta de empleos, lo cierto es que no hay zona que se encuentre libre de transitar donde se arriesgue a jugarse la vida o ser asaltado. La alcaldesa, que tiene que conocer la realidad de su ciudad, clama al régimen para que se permita el uso de armas a los particulares.

Recuerdo que hace muchos años, adquirí una pequeña arma que no la llegue a utilizar. Para obtener el permiso, tuve que presentar una serie de documentos y someterme a un riguroso examen en el Ministerio de Defensa.

Acabo de pasar por un supermercado y por curiosidad le pregunta a uno de los guardias que como había sido posible que delincuentes ingresen, roben y salgan muy campantes. Me contesto: señor no tenemos armas, no podemos exponer nuestras vidas, ni la de los clientes, pues de intentar algo, las consecuencias hubieran sido graves.

Teníamos entendidos que un centro comercial, donde estaba situado el supermercado asaltado era un lugar mucho más seguro que cualquier almacén, tienda de abarrotes o salón. Lo que acaba de suceder es para que se resuelva sin tomar demasiado tiempo. Hasta que al gobierno de turno se le ocurrió suprimir el derecho a portar armas, es fácil darse cuenta la forma como se han multiplicado los asaltos en la ciudad.

Sin embargo, de esta prohibición, los delincuentes consiguen todas las que necesitan. Para colmo, los detenidos por diversos delitos poseen verdaderos arsenales. Cada día se descubren, hasta fusiles. Lo que se nos hace difícil entender es como libremente construyeron los sitios donde reposaban para ser usadas, primero para matarse entre ellos y segundo, no nos llamaría la atención que desde allí se distribuyen a los delincuentes que gozan de libertad.

Hasta nos podríamos explicar que algún familiar, llevándoles la comida o de visita hayan logrado burlar el “pseudo control” que se hace a los visitantes, pero es tal la cantidad y el tipo de armas que sólo pueden ser proveídos por los guardias, un fusil no es fácil de esconder y resulta que existen cualquier cantidad y calidad de ellos. Se nombró hace poco a un Director de Cárceles que se entendía iba a poner un poco de orden, para evitar las matanzas que a diario suceden en estos centros de reclusión y se me ha informado que tuvo que renunciar y pasar a otro cargo, por las múltiples amenazas recibidas no sólo para él, sino por todos sus familiares.

Que, por favor, se medite bien y se proceda sin esperar mucho tiempo porque cada día la delincuencia ya no respeta, ni las casetas y vigilancia de la Policía porque toda la ciudad se encuentra indefensa.