Opinión

El tour de nostalgia colonial de William y Kate es más que las fotografías desafortunadas

Nota del editor: Kehinde Andrews es profesor de Estudios Negros en la Universidad de la Ciudad de Birmingham y autor del libro «The New Age of Empire: How Racism and Colonialism Still Rule the World». Las opiniones presentadas en este artículo le pertenecen exclusivamente a su autor.

(CNN) — El aguacero torrencial que recibió a William y Catalina en las Bahamas este viernes fue el final perfecto para su excursión por el Caribe. Si alguna vez hubo un desfile que necesitara lluvia, fue la gira de nostalgia colonial de la pareja.

Mientras los países caribeños exigen reparaciones y deponen por fin a la monarca británica como jefe de Estado, el futuro rey y su esposa pensaron que era apropiado recrear una escena de 1962, con el príncipe William vestido de militar saludando desde un Land Rover descubierto. Sin duda, una muestra de no saber reconocer el sentir del lugar.

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Pero no deberíamos esperar menos de una pareja tan esculpida por sus deberes reales que cuando posaron torpemente con una estatua a tamaño real de Bob Marley en un museo el martes, era casi imposible decir quién era la estatua.

William Kate
El príncipe William, duque de Cambridge, y Catalina, duquesa de Cambridge, visitan el museo Trench Town Culture Yard, donde vivió Bob Marley.

Realmente es un testimonio del conservadurismo impenitente de la familia real que Harry y Meghan hayan optado por no hacerlo, mientras que Will y Kate se envuelven en el lino real. Pero por esto deberíamos estar eternamente agradecidos.

Meghan expuso la visión distópica de que ella y Harry fueran enviados como embajadores a las antiguas colonias para modernizar la imagen de la monarquía. Se me revuelve el estómago al imaginar la adulación que podrían haber recibido la princesa negra y su marido al visitar el Caribe.

El problema no son tanto las desafortunadas elecciones de fotografía, que son tan horrendas que evolucionan de lo ofensivo a lo absurdo. La abuela de Will usa guantes para protegerse de las masas, mientras que él y Kate saludan a los niños a través de un enrejado.

Pero el verdadero problema es la propia monarquía, que es una institución que debería haber sido expulsada del Caribe hace siglos. No hay mejores representantes de la verdadera naturaleza de la monarquía que Will y Kate, a quienes Marley probablemente habría calificado de «stiff necked fools», (tontos altaneros).

La reina Isabel I avaló las primeras incursiones de Inglaterra en el comercio de esclavos que convirtió en negra a la población del Caribe, mediante el secuestro de innumerables personas africanas. La Royal African Company, que tenía el monopolio del comercio inglés hasta dar paso al mercado libre, es la empresa responsable de esclavizar a más africanos que ninguna otra.

La familia real está nadando en el dinero obtenido de la explotación de la carne africana en una región que todavía languidece en la pobreza debido a los mismos legados. A menudo imaginamos que el fin de la esclavitud significó el amanecer de la libertad. Pero mientras los propietarios de esclavos recibían la mayor transferencia gubernamental de riqueza de la historia de Gran Bretaña, los antiguos esclavizados se vieron obligados a trabajar gratis durante tres cuartas partes de su tiempo entre 1834 y 1838, y quedaron en la más absoluta pobreza dependiendo de los mismos terratenientes que los habían esclavizado.

William y Kate
El duque y la duquesa de Cambridge en un Land Rover en Jamaica la semana pasada. Y la reina Isabel II y el duque de Edimburgo en 1962.

Como colonias, las naciones caribeñas fueron saqueadas en busca de recursos y dejadas en el subdesarrollo. Se calcula que el Reino Unido debe a sus antiguas colonias 7,5 billones de libras (US$ 9,8 billones) en concepto de mano de obra no pagada y daños traumáticos. Cuando el Reino Unido necesitó mano de obra tras la Segunda Guerra Mundial, el Caribe respondió a la llamada y muchos se trasladaron a la madre patria en busca de oportunidades que no tenían en su país.

El resultado de ver a tantos «oscuros» en el Reino Unido fue tratar de mantener a la nación “blanca” limitando la inmigración desde el Imperio. Pero el Caribe era una parte tan integral de la nación como el norte de Inglaterra.

Hace poco encontré el pasaporte con el que mi padre viajó a Gran Bretaña desde Jamaica en 1960. Solo supe que no era un pasaporte británico normal porque la palabra Jamaica aparecía en el anverso, y tenía un estatus inferior. El Caribe es el equivalente británico del sur de Estados Unidos, con la única diferencia de un océano que permite al Reino Unido fingir que se trata de países extranjeros con los que no tiene ninguna responsabilidad.

No es una coincidencia que la Ley de Inmigrantes de la Commonwealth que desencadenó la legislación antiinmigración que vemos hoy en plena vigencia se firmara en 1962, el mismo año en que las dos mayores colonias británicas del Caribe, Jamaica y Trinidad y Tobago, se independizaron.

Para algunos de los padres fundadores de EE.UU., la solución más deseable para el llamado problema racial causado por la emancipación era deportar a los africanos anteriormente esclavizados de vuelta a África. El Reino Unido simplemente necesitaba mantenernos en las islas prisión que habían creado.

La independencia siempre fue una farsa, ya que las economías del Caribe siguen dominadas por los antiguos imperios. La región se mantiene a flote en parte gracias al turismo, que depende de las relaciones amistosas con los países lo suficientemente ricos como para que sus ciudadanos puedan permitirse unas vacaciones exclusivas en la playa.

Pero las remesas son la parte más importante de muchas economías caribeñas, el dinero que envían los que han emigrado. El Caribe depende totalmente de las naciones explotadoras para sobrevivir, hasta el punto de que la región insular es incluso un importador neto de pescado.

La farsa de la visita real me trajo a la memoria la vez que en 1985 la reina visitó Antigua y solo pavimentaron las carreteras por las que circularía para ver a sus fieles súbditos. Incluso después de la independencia, la nación caribeña seguía doblegándose ante la familia real.

Afortunadamente, ha habido protestas por la visita del duque y la duquesa de Cambridge, ya que la pareja tuvo que cancelar un viaje a un pueblo de Belice después de que los residentes se manifestaran y tanto la nación como Jamaica indicaron que querían destituir a la monarca británica como jefe de Estado.

William y Kate enfrentan protestas en su gira real por el Caribe
Pero estos llamamientos son demasiado pequeños y llegan demasiado tarde: el hecho de que esto sea incluso objeto de debate en 2022 revela el pésimo estado de la situación. Del mismo modo, la disolución de la Commonwealth, encabezada por la reina, obviamente hace sentido, pero solo por lo absurdo que es que las antiguas colonias se unieran a la nueva marca del imperio en primer lugar.

El Imperio Británico, perdón, los juegos de la Commonwealth, se celebrarán este verano en mi ciudad natal, Birmingham, Inglaterra, y mientras deberíamos estar apostados en las calles en señal de protesta, estamos ocupados celebrándolo. De alguna manera hemos llegado a un lugar en el que William puede ir al Caribe y expresar su «profundo dolor» por la esclavitud sin pedir disculpas, y mucho menos asumir alguna responsabilidad.

Desgraciadamente, hay un montón de nativos sonrientes que se alinean en las calles y saludan todo lo que la realeza representa y la región sigue esclavizada a la madre patria. En 2015, el primer ministro David Cameron causó un gran revuelo cuando dijo al parlamento de Jamaica que era hora de «pasar página» de la esclavitud, rechazó las peticiones de reparación y, en su lugar, se ofreció a ayudar a construir una prisión de última generación para que el Reino Unido pudiera deportar más fácilmente a los ciudadanos jamaicanos.

Se hizo un gran alarde de que la nación rechazaba la propuesta, pero cinco años después anunciaron no solo que la prisión se construiría, sino que Jamaica pagaría por ella. No estoy seguro de que esto sea lo que tenía en mente el primer héroe nacional, Marcus Garvey, cuando abogaba por ayudarse a sí mismos.

Así que, a pesar de todo el ruido que hemos escuchado tras la desastrosa visita real, no deberíamos esperar ningún cambio significativo. Lo absurdo de la situación significa que las naciones caribeñas no pueden agitar demasiado el barco o éste se hundirá.