Opinión

El tirador de Bogotá

Jorge Alania Vera
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Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

 

El 4 de diciembre de 1986, Campo Elías Delgado, veterano de la guerra de Vietnam, mató a 29 personas e hirió a otras 11 en la zona Este de Bogotá. Fue y sigue siendo el tiroteo más mortífero perpetrado por un solo atacante en la historia de Colombia.

El devastador itinerario de siete horas se inició en la mañana en el departamento 304 de un edificio de la calle La Alhambra en donde estaban Nora Becerra de Rincón y su hija adolescente Claudia, a quien Delgado daba clases de inglés. A ambas las asesinó salvajemente a puñaladas y regresó a su casa. Unas horas después, al concluir la tarde, mató a su madre, Rita Delgado, le prendió fuego, y activó la alarma contra incendios del edificio. A varios vecinos que salieron con la sirena también los asesinó. Inmediatamente ocultó los cadáveres, se cambió y dirigió al lujoso restaurante Pozzetto en donde se ubicó en una mesa distinta a la que siempre ocupaba como cliente habitual. Al mozo que regularmente lo atendía y le sirvió un trago de cortesía le dijo: siempre me tratas bien, lo tendré en cuenta. Y lo tuvo, porque entre las 20 personas abatidas allí por Campo Elías Delgado, no estuvo el camarero. El tirador de Bogotá, de 52 años, fue muerto allí mismo por la policía.

Todos los crímenes son execrables, pero hay algunos que remiten a una maldad cultivada en lo más profundo de la psique humana. Campo Elías Delgado mató a su madre primero y a partir de ese acto, desencadenó su horror, al igual que Ed Kemper, el famoso asesino serial norteamericano, que concluyó su ola de crímenes asesinando a su madre el 20 de abril de 1973 con un bate de béisbol y decapitándola luego. Ese mismo día se entregó a la policía.

El tirador de Bogotá cargaba con un recuerdo muy doloroso: el suicidio de su padre en el cementerio de Bucaramanga. Otro dato extraño es que nunca se encontró su cadáver, alimentando muchas especulaciones, incluyendo algunas sobre su pasado en el ejército de los Estados Unidos. Se ha sabido que vivió algún tiempo impreciso en las calles de Nueva York y que hablaba inglés con soltura y precisión.

La maldad existe sin duda pero cómo y cuándo determinar que es un libérrimo impulso de la psique o uno de sus desvaríos más dramáticos. Me confunde, a propósito, este verso de Borges: “Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.”

El restaurante Pozzetto ya no existe. Pregunté a varios jóvenes colombianos si sabían de Campo Elías Delgado y su masacre y me dijeron que no. Tal vez sea mejor así, no lo sé.