Opinión

El Sismo de Abril

Gonzalo Escobar Villavicencio

gonzalo_escobar7@hotmail.com

Escribo esto pasado el mediodía del domingo 17 de abril de 2016, mientras las secuelas del terremoto que golpeó nuestra nación se evidencian minuto a minuto. El terremoto de magnitud 7.8 en la escala de Richter, registrado ayer sábado en la costa norte de Ecuador, es uno de los más intensos en la historia del país. Al menos han muerto 235 y hay 1557 heridos; cifra que, desafortunada y probablemente, ira creciendo a medida que el gobierno confirme los datos.

Nuestro territorio es uno que, a lo largo de los años, ha sufrido sismos de forma constante, y cuya localización geográfica lo hace propenso a sufrir este tipo de fenómeno natural. En comparación a nuestros vecinos continentales en Colombia, Perú o Chile, nuestro país ha tenido la fortuna de evadir sismos de mayor intensidad. Cuando los temblores golpean en suelo ecuatoriano, suele repercutir con mayor fuerza en la zona fronteriza; pero en esta ocasión el golpe ha sido grave y directo, sobre todo en Manabí y Esmeraldas.

Las 3 principales ciudades: Quito, Guayaquil y Cuenca, han salido relativamente salvas del desastre, esquivando lo que pudiese haber sido una catástrofe aún mayor; lo digo, sobre todo, por el sector costa, tomando en cuenta la gran cantidad de invasiones que no poseen real infraestructura antisísmica, lo cual deberá ser muy considerado en la construcción de nuevas edificaciones a partir de ahora, dado nuestro historial. Ahora, el mayor temor en la población es la falta de comunicación, energía eléctrica, hospedaje momentáneo, propiedades irreparables, y sistemas de ayuda que han tardado en desplegarse.

Es necesario que la gente en Ecuador muestre solidaridad estos días; tomando en cuenta la recesión, los estragos causados por el terremoto nos exigirán demostrar nuestra convicción social más que nunca. Y, por favor, al hacerlo que sea por humanismo del más básico y esencial. Es importante hacer circular planes de ayuda efectuados por organismos públicos o por iniciativa personal, pero lo que no es necesario es pretender condolencia al llorar por Facebook o recaudar atención por nuestra labor; no es momento para ganar popularidad social o política. La ayuda que debemos prestar ahora debe estar enfocada en el acto mismo, no en los beneficios que nos granjee el aparentar magnanimidad. Muchas personas y grupos están moviéndose de manera silenciosa, con intención genuina.

Aquellos para quienes sea una posibilidad aportar a esta crisis de manera económica, por favor hacerlo. Pero no es la única forma de mostrar utilidad y humanismo; lo más importante en estos momentos es la colaboración tangible e inmediata: donación de sangre, víveres no perecibles como latas de atún o agua, disposición de medios de transportación para el movimientos humano y material, y otras ayudas de este tipo.

Estos días debemos colaborar para estabilizar a los damnificados; este es el primer paso. Después de reestablecer el orden humano tocará el proceso de regeneración civil; este será uno extenso y complicado, y la gente de Ecuador deberá demostrar una gran fuerza de voluntad para enfrentar la dificultad socio-económica

No es la primera vez que una catástrofe de índole natural arremete con tal intensidad en nuestro suelo. El sismo más intenso, con magnitud de 7.9, tuvo lugar el 12 de diciembre de 1979 y afectó también a Colombia. En ese entonces provocó cerca de 800 muertos, la mayoría en las zonas costeras de ambos países. El 5 de marzo de 1987, otras 300 personas fallecieron como consecuencia de varios temblores de magnitudes entre 6.0 y 6.8 grados, registrados en la provincia de Napo. El último terremoto hasta la fecha tuvo lugar el 28 de marzo de 1996, cuando unas 70 personas fallecieron como consecuencia del seísmo de 5.7 grados, con epicentro en la provincia de Cotopaxi.

Ecuador ha enfrentado muchos tipos de dificultades antes, y entre esos terremotos violentos. Nos hemos recuperado, y lo volveremos hacer. Ahora, con la facilidad que la era digital nos da para la comunicación, la diligencia con la que actué nuestra sociedad puede ser más eficiente; seguro lo será. Leo en redes sociales impertinencias, y pido a toda nuestra población que se trague orgullos y frustraciones, y se enfoquen en el compromiso humano de ayudar. De nada sirve criticar o pavonear el nombre de entidades o figuras públicas; no en este momento. Este es el momento de ayudar, luego haremos retrospectiva, una vez nuestro país se estabilice.

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