Opinión

El Senado y la CNDH

 

Fuente: Federico Berrueto –  Mèxico.

 
 
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos es una de las instituciones fundamentales del Estado mexicano. El balance le favorece en casi 30 años de funcionamiento como órgano autónomo. La violación de los derechos humanos persiste como uno de los problemas nacionales fundamentales, más allá de las intenciones o la retórica de las autoridades. En la actualidad, la manera como se conduce el gobierno hace más que siempre necesaria la presencia de una instancia autónoma que salvaguarde los derechos humanos en el contexto de independencia, institucionalidad y rigor jurídico.
 
 
El actual gobierno no ha sido sensible al tema ni a la institución. La soberbia de que todo ya cambió y con ello los males del pasado han sido superados, impide entender que el problema persiste. La respuesta presidencial y de miembros del gabinete hacia la CNDH ha sido deplorable, bajo el prejuicio de connivencia con lo peor del pasado, situación que no se sustenta y menos aún durante la buena gestión de Luis Raúl González Pérez. Las insuficiencias no le son imputables, aunque sí es preciso reconocer que la irrupción de la violencia y de la criminalidad, así como la respuesta gubernamental hacia ésta, ha presentado casos muy lamentables de violación de derechos humanos.
 
 
En el contexto de la elección del nuevo titular de la CNDH, las comisiones unidades de Justicia y Derechos Humanos del Senado han presentado una terna integrada por Arturo Peimbert, con una impecable trayectoria como titular de su equivalente en Oaxaca, y quien tuvo muy destacable desempeño en la investigación del enfrentamiento de Nochixtlán en 2016; José de Jesús Orozco, jurista de reconocido prestigio y ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y la profesora Rosario Piedra Ibarra, hija de doña Rosario Ibarra de Piedra, ambas luchadoras decididas por los desaparecidos en el Comité Eureka y que le ha merecido que el Senado le conceda a esta última la medalla Belisario Domínguez.
 
 
En la última votación en el pleno no se alcanzó mayoría. José de Jesús Orozco obtuvo tres votos; Peimbert 48, que suma a las diversas fuerzas parlamentarias, y Piedra Ibarra con 67, con el apoyo en bloque los legisladores de la coalición gobernante. El perfil de la votación no significa que la hija de doña Rosario tenga ventaja, al contrario, su condición de militante y de ex candidata de Morena el año pasado le restan posibilidades para obtener el aval de la pluralidad.
 
 
El fortalecimiento de la CNDH no se da con la descalificación de su trabajo. Para la profesora Rosario Piedra la institución ha sido una simulación y su desempeño ha sido totalmente nulo e ineficaz. Lo señalado no es un desplante retórico, parte de la convicción de quienes integran el activismo por los desaparecidos. La CNDH no es la instancia para ello; si el Presidente de la República es de la idea de capitalizar la energía de dicha exigencia, lo más sensato sería que se integraran en la comisión creada para ese propósito y no desvirtuara la tarea de una institución que tiene un amplio espectro de actuación.
 
 
La militancia a un partido político no es pecado, pero sí pone en entredicho la idoneidad de la profesora Piedra para dirigir la CNDH. Por eso la votación debió estar dividida entre José de Jesús Orozco y Arturo Peimbert. Para la institución y para el Senado sería un error fundamental que prevaleciera la línea partidaria sobre un sentido de lealtad institucional. La situación llama a un voto de conciencia y el Senado ya ha dado muestras en otros temas de un elevado sentido de responsabilidad. A partir de las biografías expuestas, lo más sensato sería que el pleno del Senado se pronunciara por Arturo Peimbert y dejara de lado a legisladores marginales quienes pretenden echar abajo la terna para así ganar a río revuelto.