Opinión

EL SECTOR ELÉCTRICO: UN NIDO DE SANGUIJUELAS E INEPTITUD TOTAL…

Por: Mario Ponce Lavalle – Quito

Desde hace más de medio siglo, cuando nuestro Ecuador irrumpió en el mercado petrolero mundial como un nuevo jugador en la exportación y venta de crudo, la economía del país cambió definitivamente, para bien en algunos aspectos y para mal en otros.

Uno de estos últimos ha sido la aparición de una «casta dorada» dentro de la administración pública -primero CEPE y luego Petroecuador- conformada por nuevos tecnócratas en la materia, quienes han administrado más mal que bien este recurso no renovable del Estado. A pesar de estar plagados de casos de ineptitud y corrupción, han mantenido para sí mismos sueldos y privilegios «especiales». Un ejemplo de esto fue el descubrimiento de cientos de miles de dólares y euros escondidos en el techo de la casa de un Gerente de Petroecuador (Marco Calvopiña, El Comercio 11/11/2016).

Con el pasar de los años, otra área de desarrollo del Estado ha sido el sector eléctrico, buscando aumentar la producción de energía, especialmente aprovechando nuestra rica estructura hidrológica en las zonas centro y suroriental del país. La construcción de grandes represas y turbinas de generación, como Paute, Agoyán y Pisayambo, eficientemente construidas hace más de 40 años, ha aportado energía vital al Sistema Nacional Interconectado durante décadas.

Sin embargo, los casos más recientes han sido exactamente lo contrario. Los proyectos Coca-Codo-Sinclair y Toachi Pilatón, iniciados durante el gobierno de Rafael Correa, han sido ejemplos de mala calidad de construcción y fuentes de corrupción sistematizada de fondos públicos, dejando poco beneficio al país.

En lo administrativo, el mal ejemplo de Petroecuador ha sido rápidamente adoptado por los burócratas del sector eléctrico, que bajo las «empresas estatales» reestructuradas durante el gobierno de Correa, son un ejemplo de cómo NO se deben gestionar las cosas en esta materia. Organismos como CELEC-EP, CNEL-EP y la CENACE, que controlan y manejan la energía eléctrica del país, no son más que sanguijuelas de los recursos estatales y modelos de ineptitud y torpeza generalizada.

No es de otra manera que se explica que estos «burócratas dorados», que incumplen la ley al ganar más que el Presidente de la República, sean los únicos responsables del apagón energético que recientemente sufrió el país. A pesar de esta vergonzosa realidad, ¡son los que más cobran!

¿Qué espera el gobierno con el Minenergía interino Luque y la Ministra de Trabajo Núñez para poner fin a esto? Deben poner inmediatamente coto a este abuso, que es ilegal a todas luces, y sentar un precedente de una vez por todas. No es aceptable que un grupo de «sanguijuelas», además de ser ineptos y negligentes en el cumplimiento de sus obligaciones, sean los responsables de paralizar la producción en Ecuador simplemente por no haber realizado un mantenimiento básico de las redes de transmisión, como ya han señalado las autoridades.

La «coraza sindicalista» que los protege, una tesis comunista trasnochada, no tiene cabida en estos tiempos. Es urgente remover a estos funcionarios ineficientes y costosos de inmediato, y regularizar a sus reemplazos conforme a lo que dicta la ley.