EL RÍO DE TODOS: AGUA Y CAMPO EN LA CUENCA DEL DAULE
Ing. Agr. Mauro Erazo Vélez. Presidente del Foro Agropecuario Ecuatoriano. Presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Ecuador. Docente Universitario
En Madre de Dios, en Perú, las comunidades ribereñas analizan el mercurio en su cabello y en su río para que alguien responda por él. Aquí también hay un río del que depende muchísima gente: el Daule.
Empecemos por lo bueno. El embalse Daule-Peripa almacena 6.000 millones de metros cúbicos de agua, y ayuda a regular el caudal y da riego a más de 50.000 hectáreas. Sin esa reserva, el arroz de Palestina, Santa Lucía y Colimes pasaría un verano mucho más duro. El trasvase beneficia a unos 127.000 habitantes de cantones como Balzar, Palestina, Santa Lucía, Colimes y Daule.
Pero el río también cobra. Cuando se abrieron las compuertas en 2023, las calles del centro de Santa Lucía quedaron anegadas. Los productores de la zona lo saben: el agua que salva una cosecha en verano puede arruinarla en invierno.
Más abajo, la cosa se complica. Guayaquil capta más de 1,6 millones de metros cúbicos diarios del Daule, y del mismo río también beben Samborondón, Daule, Durán y Nobol. Cuando llueve fuerte, la turbiedad dificulta la captación en La Toma. Y en noviembre de 2025, el Ministerio de Ambiente reportó aluminio y sólidos suspendidos entre 23 y 25 veces sobre el límite a la altura de la planta, además de metales en los puntos de descarga de las lagunas de oxidación
Conviene ser justos: en estos asuntos aclaro que hablamos de la calidad del río, no del agua potable que llega a las casas, y el Municipio de Guayaquil sostiene que las descargas no pueden afectar el punto de captación. Lo que sí admite es que solo trata el 60% de sus aguas residuales. Discutir quién tiene la razón sirve de poco si el río sigue igual en las descargas desde Balzar para abajo.
Y arriba también hay deuda. Más del 85% de los bosques originales de la cuenca han desaparecido, y sin bosque el agua llega más sucia y más violenta.
Lo de Madre de Dios deja una lección práctica: medir, publicar los resultados y exigir. El agricultor de Colimes y las familias de Guayaquil toman de la misma corriente, aunque casi nunca se conozcan. Necesitamos monitoreo abierto, aguas residuales tratadas y bosque en las zonas altas.
El agricultor de Colimes y las familias de Guayaquil toman la misma corriente, aunque casi nunca se conozcan. Necesitamos monitoreo abierto, aguas residuales tratadas y bosque en las zonas altas.
Crear fondos de agua: Implementar un sistema de «pago por servicios ambientales». Las ciudades grandes (como Guayaquil) financian a los agricultores y dueños de tierras en las zonas altas (como Colimes o más arriba) para que protejan el bosque en lugar de talarlo. Reforestación con especies nativas: Plantar árboles locales en las riberas de los ríos para que actúen como «filtros naturales» reteniendo sedimentos y agroquímicos. Fajas marginales protegidas: Delimitar zonas donde esté prohibido sembrar o meter ganado justo al borde del agua.
