Opinión

El reino de los sinvergüenzas…

Dr Miguel Palacios Frugone/Guayaquil

 

 

Nuestro país es un estado donde la sinvergüencería es parte de la INDIOSINCRACIA del estado.

Políticos, fiscales, jueces y autoridades son sinvergüenzas que hacen con la ley lo que les da su regalada gana.

Aquí no existe seguridad jurídica, ni garantía de tener una constitución que se viola a cada rato.

Cualquier delincuente puede ser juzgado, sentenciado y luego liberado.

Lo peor de todo esto es que quien es juzgado, condenando y sentenciado por alguien que tiene competencia en su jurisdicción, mete preso al ladrón, pero luego de un tiempo este pillo es liberado y puesto libre por otro juez que no tiene la competencia, porque ni siquiera ejerce como juez en la misma jurisdicción o provincia donde el pillo fue sentenciado.

Pero lo peor de todo, es que, una vez cuantificado el monto del robo, el juez aparte de condenarlo obliga al choro para que devuelva lo robado.

Pero aquí viene lo insólito.

No solo que el ladrón sale libre porque un juez de otro estado donde no fue juzgado lo libera, sino que este nuevo juez coimable o lametraseros, obliga en su nueva sentencia, a que se le reintegren todos los sueldos que no percibió el pillo mientras estuvo preso.

También obliga al estado ecuatoriano (es decir a todos nosotros) que le paguemos mediante nuestros impuestos, los sueldos que no percibió el ladrón mientras estuvieron preso.

En otras palabras, un ladrón nos roba y se comprueba hasta la cantidad de cuanto nos ha robado.

El segundo sinvergüenza del país, se robó la cantidad de 8.000.000 millones de dólares. Si él tenía un sueldo mensual por el cargo que ostentaba de 4.000 dólares mensuales, eso significaría que se demoraría en pagar lo que se robó, 166 años.

Al segundo sinvergüenza de la revolución, se lo mete en la cárcel por comprobarse que robó y eso lo condena, pero una vez que fue sentenciado, otro juez que no toca pito en el juicio por el que se lo condena, lo libera otorgándole medidas cautelares y no solo eso, sino que ordena a que todos (los que no robamos) le paguemos el sueldo que percibía y no recibió mientras estuvo preso.

Pero, los sinvergüenzas no solo son los presos que se salen de la cárcel.

Los sinvergüenzas no solo son los jueces sinvergüenzas,

Estamos en el país donde nadie hace nada.

Todos callamos y somos cómplices silenciosos de esta sinvergüencería.

Algunos por comodidad, otros, por intereses y la mayor parte por miedo.

Sea por la razón que sea, todos somos sinvergüenzas activos o pasivos.

¡Viva el reino de la sinvergüencería!