Opinión

El Presidente como nominador

La buena intención con que Duque integró su gabinete, no ha suplido las fallas en que incurrió.

Es apenas natural que al tratar de entender el balance de gestión adelantada durante los cinco meses de gobierno del presidente Iván Duque (o últimos del año que acaba de terminar), los colombianos, sin excepciones que valga la pena mencionar, se plantearan todo tipo de hipótesis susceptibles de explicar ese descalabro político cuya real dimensión se reflejó en alarmantes índices, tal vez nunca vistos, de descalificación de una tarea gubernamental que la opinión pública no pudo ni podrá entender en mucho tiempo.

Puesto que el triunfo de Duque frente a Petro se debió a que durante la campaña planteó una plataforma ideológica coherente con su formación política y ofreció un programa operativo de fácil concreción, una mayoría considerable de la masa electoral del país creyó en sus promesas y esperó que si bien no mostraría resultados concretos en los tradicionales “primeros cien días” de mandato, sí debía tenerlos a la vista cinco meses después.

Como no fue así, los millones de ciudadanos que, ilusionados, eligieron a Duque entraron en desconfianza, y quienes votamos por otras opciones (excluido Petro), también, con mayor razón.

Además, la nómina de viceministros eminentemente técnicos e ignaros en la vida del Capitolio alimentó en alto grado el rechazo parlamentario a las iniciativas del Gobierno

Por supuesto, saber a ciencia cierta qué ocasionó tan inesperado final de la primera etapa en la dirección del país solo compete al presidente Duque y su círculo de trabajo más cercano. Por eso, yo creo que pretenden arar en el viento quienes lo achacan, por ejemplo, a su afición por el canto popular, al recibimiento de Maluma en la Casa de Nariño, a los viajes a provincia acariciando infantes, a la doméstica sencillez con que se presentó en ceremoniales diplomáticos en el Vaticano o en la ONU. Nada de ello opaca su preparación intelectual, su trayectoria política en Colombia y fuera de aquí, su conocimiento de la cosa pública, su voluntad conciliadora, su desempeño ético dondequiera que le ha correspondido actuar; en fin, su ánimo de acertar en el logro de una sociedad pacífica, más equitativa y más justa para los asociados.

Desde mi punto de vista (que con harta probabilidad muchos comparten), la buena intención con que el presidente Duque integró su gabinete ministerial y aun la plana mayor de funcionarios que sigue conformando, en numerosos casos no ha suplido las fallas en que incurrió al hacerlo. En efecto, antes que nada debe anotarse: que para nadie es un misterio, sino una verdad de a puño, que el nombramiento de ministros en los despachos de Hacienda, Interior y Defensa fue impuesto, o tercamente sugerido, por el expresidente Uribe y que el flojo desempeño de los tres (por soberbia, por inexperiencia y por lejanía del tema puntual, respectivamente) es la razón más probable de por qué se echó a pique la más reciente legislatura parlamentaria. Además, la nómina de viceministros eminentemente técnicos e ignaros en la vida del Capitolio alimentó en alto grado el rechazo parlamentario a las iniciativas del Gobierno.

Por último, ese error de Duque al nombrar otros funcionarios en la diplomacia o en la administración nacional atenido únicamente a la opinión siempre interesada del Centro Democrático, y más concretamente de su mentor y principal dirigente, no se corresponde con el ordenamiento superior que le manda hacer nombramientos como jefe de Estado y Suprema Autoridad Administrativa con total independencia y autonomía, con arreglo a los reglamentos y requisitos vigentes. Será la única forma de evitar reincidir en patraseadas, contradicciones, llamados de atención, revocatorias y otras salidas en falso que razonablemente tachan al Presidente por perniciosa desviación en los fines inherentes a la institucionalidad.

Por: Víctor Manuel Ruiz,Colombia.