Opinión

El porqué de un retorno

Silvio Devoto Passano

sidepaderby@hotmail.com

Como la primera vez, hace cuarenta y cinco años, nos sentamos frente a la computadora con una sola misión, cooperar en la medida de nuestras posibilidades para el buen desarrollo de la hípica en el país.

Para el turf de un país que está perdiendo presencia tanto a nivel nacional como internacional por errores de sus directivos, posiblemente cansados de luchar solos, sin ningún apoyo de los gobiernos centrales y seccionales que parecen ignorar lo que significa la hípica como FUENTE DE TRABAJO para cientos de ecuatorianos en un país con índice de desempleo cada vez más alto, como CONSUMIDOR IMPORTANTE de productos agrícolas, veterinarios y de cuero, como APORTE INVALORABLE A LA REMONTA NACIONAL, entregando desde hace más de un siglo padrotes de fino linaje y vientres exclusivos que han hecho posible una raza mestiza a la altura de las mejores de América, como FUENTE DE ÚNICO ESPECTÁCULO que se entrega semanalmente de manera GRATUITA a miles de aficionados que lo disfrutan en un escenario cómodo y seguro, a la altura de los mejores de esta parte del continente.

Como si todo esto fuera poco, la hípica ha sido el PRINICPAL POLO DE DESARROLLO de la ciudad y la provincia, en Guayaquil desde 1956 cuando el recordado “Santa Cecilia” fuera el gran adelantado de las maravillosas Urbanizaciones que luego se edificaran, meses después en Salinas, con el rústico pero simpático “Costa Azul” haciéndolo el primer balneario de la Costa del Pacifico cuando la inmensa mayoría de alguna manera lo postergaba y finalmente en 1980, con el moderno “Buijo” hoy con toda justicia, llamado “Miguel Salem Dibo” al que se llegaba por un camino estrecho que motivó de un alto directivo del turf colombiano, decir “se atraviesa el infierno para llegar a esta maravilla”, hipódromo que fue el gran adelantado de lo que hoy es Samborondón donde lucen majestuosas las mejores viviendas de la provincia y posiblemente del país.

¿Qué obtuvo nuestra hípica de todo esto? Nada, absolutamente nada, tal vez una “generosa” visita de alguna Autoridad Cantonal o Provincial y basta. Ni siquiera la menor retribución, de la índole que fuera. Todos batimos palmas y entonamos cánticos cuando finalmente, después de décadas de fracasos algún futbolista ecuatoriano logró un contrato en Europa o alcanzó una ubicación destacada en algún equipo de América, olvidando que hace más de siete décadas dos jinetes ecuatorianos, Jorge Calderón y José Romero, quiteño el primero, guayaco el segundo, viajaron contratados a Italia, destacando el serrano durante dos temporadas y el costeño por mayor tiempo, poniendo en alto el nombre de nuestro país, lo que también lograron grandes figuras de la fusta como Segundo Luque y sus hijos Eduardo, Félix, Ricardo y José; Jesús Yánez y su hijo Enrique, éste en Colombia, Perú, Venezuela y Colombia, César Escobar.

Iván Albuja, Marcos Correa, Washington Rodríguez, el extraordinario Jaime Arellano que durante quince años permaneció en el circuito de Nueva York, el principal de América, entre los diez mejores ganadores junto a Baeza, Ycaza, Velásquez, Vásquez, Shumaker y tantos otros. Abel Vaca, considerado uno de los mejores jinetes de todos los tiempos en los hipódromos colombianos, y, finalmente, el mejor de todos, Walter Enrique Carrión Rivera, el famoso “brazo de oro” que luciera la bondad de su monta en ocho países, Canadá, Estados Unidos, Cuba, panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela donde fuera considerado un verdadero IDOLO durante varias décadas de enorme lucimiento. Con ellos, el “Admirado de Leguisano”, Leonardo Mantilla, ganador en los principales hipódromos bonarenses donde grabó su nombre en el clásico “General Pueyrredón”, sobre cuatro mil metros, al ganar con Niakitos una carrera de leyenda.

También entre los preparadores se lució a nivel internacional, de manera especial con don JOSÉ SALAZAR, llamado en Colombia” el mago” por sus conocimientos en la profesión y en el ramo de la veterinaria.

Y qué decir de CABALLOS ECUATORIANOS que a nivel internacional lucieron la bondad de una Crianza en franco progreso, como el Triple coronado PECHICHE, ganador en Panamá y luego en los hipódromos de la Florida y de Nueva York como el fenomenal RITMO CRIOLLO, que tiene el record de carreras ganadas incluyendo clásicos, en “Monterrico” donde fue retirado de las pistas con los honores de un campeón y finalmente la gran SEÑORITA que un 4 de Diciembre, hace ya nueve años, acabará con los machos del Caribe en inolvidable actuación, en el “Presidente Ramón” de Panamá.

Destaquemos además la labor del Periodismo Hípico Ecuatoriano con la presencia ININTERRUMPIDA de la Revista “La Fijal”, que durante cincuenta y un años llega a fecha con una información de primer nivel, siendo la publicación deportiva más antigua del país en plena vigencia.

Sumemos a la vida hípica ecuatoriana, principalmente guayasense, la celebración de dos Congresos Panamericanos de Periodistas y Locutores Hípicos, considerados los mejores que se realizaron a través del tiempo. Hoy nuestra hípica atraviesa una vez más, hay que decirlo, un momento difícil, que debe ser definitivamente superado en base a creatividad, decisión y trabajo al más alto nivel.

Algo hay que hacer, algún juego nacional debe YA SER INICIADO, las APUESTAS CANJEABLES, que tanto éxito tuvo anteriormente y son reclamados desde hace trece años por los aficionados, deben ser INMEDIATAMENTE reimplantados, en todas las dependencias, y, finalmente, debe empezarse a TRABAJAR EN SERIO.

En estas líneas estaremos siempre, como hace cuarenta y cinco años. En la primera etapa de esta Revista, noviembre de 1963, y desde entonces en los Diarios “La Razón” y “Expreso”, en radio “C.R.E” y radio “Sucre”, y en los Calares de “Ecuavisa”, “TC Televisión” y “Tele Amazonas”.

Hemos amado la hípica desde niños, de allí nuestra pasión que quiere y debe ser premiado en nuestros últimos años de vida con una HÍPICA GRANDE que hereden y mantengan vigentes nuestros descendientes.

Por ellos va esta Revista que aparecerá semestralmente recogiéndolo acontecido en las de un siglo de vida.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.