Opinión

El Perú en una final mundial

Jorge Alania Vera
jorge.alania@gmail.com
Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador

La noticia viene de España, en donde se desarrolló el Torneo Mundial Escolar de Ajedrez: los colegios Velammal de la India y Saco Oliveros del Perú disputaron la final y el Perú alcanzó el subcampeonato mundial.

Mientras tanto, los grandes maestros, el noruego Magnus Carlsen, actual campeón, y el ruso, Ian Nepochmnianchti, su retador, definen el título en un match a catorce partidas, de las cuales ya se han desarrollado ocho y el actual campeón parece encaminado a retener su corona.

Es muy aleccionador y grato que un colegio peruano que se distingue por sus logros internacionales en las ciencias, haya llegado a este nivel. Para darnos una idea de lo que significa diremos que los dos primeros tableros hindúes de 16 años aspiran- según la crítica especializada, a convertirse en los grandes campeones mundiales del inmediato futuro.

Cada vez es más evidente y, felizmente, conocido que el ajedrez no es sólo un gran y apasionante juego ciencia, sino una herramienta muy útil para la educación y la formación intelectual y humana de los niños y adolescentes por los valores que transmite partida tras partida.

La semejanza del ajedrez con la vida y con muchas batallas que en ella debemos dar, lo sitúa como referente para mejorar nuestras habilidades, formar nuestro carácter, aceptar con ánimo pujante y esclarecedor las victorias y las derrotas, disciplinarnos y controlar nuestras emociones en los momentos cruciales y en las tensas vigilias de los triunfos y las debacles.

Felizmente, grandes corrientes pedagógicas están incorporando al ajedrez en los años iniciales de la infancia. En fecha reciente, una extraordinaria producción de Netflix, Gambito de Dama, ha hecho más que muchos discursos por incorporar a la mujer en un mundo que debe ser igualitario en oportunidades para todos y sin discriminaciones de ninguna índole.

Putín aspira a recuperar la gloriosa tradición ajedrecística rusa por medio de un joven judío de 31 años que se amarra su colita de cabello en la cabeza como un moño y que está tratando de vencer al genio noruego de 30 años que gana millones de dólares promoviendo marcas y por medio de sus plataformas y empresas en internet. Mientras tanto, un iraní de 18 años, nacionalizado francés, se ubica en el segundo lugar del ranking mundial.

Enorme mérito del colegio Saco Oliveros y sus alumnos, por adentrarse en la verdadera modernidad y por seguir el ejemplo de países visionarios como, por ejemplo, China, que hace 25 años no tenía ningún gran maestro, y hoy, tiene diez entre los cien mejores del mundo. Y dos, en el top 10, siendo Ding Liren el número 3.

Un colegio en la vanguardia escolar mundial es, aunque parezca mentira, el Saco Oliveros, peruano desde la apertura hasta al final.