Opinión

“El perro”

De: Gioconda Juez/Wuanplus tv
Guayaquil Ecuador

 

 

Un perro no llega a tu vida por casualidad. Llega como llegan las cosas que transforman: sin pedir permiso, pero con una misión silenciosa y profunda. Y de pronto, sin darte cuenta, ya no eres el mismo.

Amar a un perro es descubrir una forma de amor que no negocia, que no calcula, que no espera nada más que tu presencia. Es ese par de ojos que te siguen por la casa como si fueras el centro de su universo. Es la alegría desbordada cuando llegas, aunque solo te hayas ido unos minutos. Es la fidelidad que no entiende de errores ni de días malos.

Un perro te enseña que el amor verdadero está en lo simple: en un paseo, en una caricia, en compartir el silencio. Te recuerda que no hace falta hablar para entenderse, que un gesto puede ser suficiente para decir “estoy contigo”.

Pero también, amar a un perro es una responsabilidad profunda. Es asumir que ese ser depende de ti para todo: para comer, para sentirse seguro, para ser feliz. Es cuidarlo cuando enferma, protegerlo del miedo, acompañarlo cuando envejece. Es, en muchos sentidos, criar a un hijo que nunca dejará de necesitarte.

Y en ese cuidado, en esa entrega diaria, ocurre algo extraordinario: te vuelves mejor. Más paciente. Más sensible. Más humano.

Porque un perro no solo recibe amor… lo multiplica.

Te enseña a estar presente, a celebrar lo cotidiano, a encontrar belleza en lo pequeño. Te recuerda que el tiempo es ahora, que la vida se vive en cada instante compartido.

Y cuando lo miras dormir, tranquilo, confiado, sabiendo que está a salvo contigo… entiendes que no eres solo su dueño. Eres su hogar.

Y quizás ahí está el mayor regalo: que en un mundo que a veces duele, alguien te ame sin condiciones, sin preguntas, sin reservas.

Así es un perro.
No es solo una mascota.
Es un pedazo de ternura que camina a tu lado… y que, sin hacer ruido, te enseña a amar mejor.
! Te amo con el alma Nanaue!