Opinión

El Papa y la IA

Jorge Alania Vera
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Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN, de Guayaquil, Ecuador

 

Desde el título, Magnifica Humanitas, la primera encíclica del Papa León XIV, sobre la Inteligencia Artificial, próxima a aparecer, no sólo emite su opinión sobre el tema, sino que marca un derrotero para la aplicación de la Inteligencia Artificial en el convulso y supertecnológico mundo en que vivimos. Magnífica Humanidad, es un elogio pero a la vez una advertencia teñida de esperanza de lo que esta herramienta del siglo XXI puede hacer por el desarrollo humano.

Como su antecesor en el nombre, el Papa León XIII, el actual Pontífice busca llamar la atención sobre el sello particularmente humano que debe tener la Inteligencia Artificial y su revolución tecnológica, tal como la hizo León XIII en el siglo XIX con su encíclica “Rerum Novarum” en plena revolución industrial al defender el salario justo, la propiedad privada y rechazar la explotación capitalista y el socialismo.

Lo primero es lo primero y por eso León XIV advierte que la IA no debe dominar el mundo sino servirlo. Para ello es indispensable que proteja la libertad, la dignidad y la conciencia, estimulando y no sepultando la creatividad humana. El Papa afirma que la IA no es un oráculo, es decir, una respuesta, consejo o predicción divina, sino una herramienta creada por el hombre y por lo tanto falible y finalmente frágil. Ello es clave para que nadie manipule a nadie en virtud de su aplicación o respuestas.

El Papa, asimismo, advierte sobre el endiosamiento del algoritmo que puede, por cierto, resolver problemas muy complejos, pero jamás suplantar la esencia del ser humano y sus manifestaciones más sensibles. Concurrentemente con estas preocupaciones el Papa hace un llamado universal por la ética, tan de moda en los papeles y en los informes públicos, pero tan ausente en la realidad de cada día. En ese sentido apela a la “algorética” del papa Francisco, para que el algoritmo, mecanismo matemático, pueda contener también instrucciones éticas.

El avance tecnológico en este primer cuarto de siglo ha sido gigantesco en el mundo pero las grandes carencias humanas siguen sin cubrirse. Estemos en el centro o en la periferia del prodigioso desarrollo tecnológico, eso casi no le incumbe a nuestra psique: Cuánto más inteligentes, más solos, más tristes, más ansiosos. Cuanto más comunicados, más ausentes, más desorientados, más encerrados en nosotros mismos. Cuanto más informados, más ignorantes, más incrédulos, más a la deriva. Algo nos falta, sin duda.

Magnifica Humanitas… leámosla con esperanza.