Internacional

El papa Francisco habló del “flagelo de la guerra” para el pueblo ucraniano y para el mundo entero: “Lo único razonable sería parar y negociar”

El papa Francisco afirmó que durante los seis días de su viaje apostólico a Canadá, no dejó de rezar por el pueblo ucraniano, “atacado y atormentado, pidiendo a Dios que lo librara del flagelo de la guerra”.

“Si se mira la realidad con objetividad, teniendo en cuenta el daño que cada día de guerra supone para esa población pero también para el mundo entero, lo único razonable sería parar y negociar. Que la sabiduría inspire pasos concretos de paz”, afirmó tras el tradicional Ángelus.

Durante el viaje de regreso de Canadá, el Papa ya había hablado de Ucrania pero no había hecho referencia a ninguna negociación. En esa oportunidad, en medio de una conferencia de prensa con los periodistas que viajaban en el avión papal, Francisco dijo que sigue con intenciones de visitar Kiev.

“Veremos lo que me encuentro cuando llegue a casa”, en referencia a cómo sigue la organización de la posible visita a territorio ucraniano.

Ahora, con las declaraciones de este domingo, se comienza a especular con una posible mediación vaticana para frenar la brutalidad rusa.

Ayer, en ese mismo viaje de regreso, el pontífice causó revuelo mundial a no descartar uan posible renuncia. “No creo que pueda mantener el mismo ritmo de viajes que antes. Creo que a mi edad, y con estas limitaciones, tengo que guardar un poco mis fuerzas para poder servir a la Iglesia, o por el contrario pensar en la posibilidad de hacerme a un lado”, dijo Francisco, de 85 años.

“La puerta está abierta y es una de las opciones, pero hasta ahora no he llamado a esta puerta. No he sentido aún esta posibilidad, pero esto no quiere decir que mañana no empiece a pensar en ello”, reiteró.

Y destacó que “no sería algo extraño” ni “una catástrofe”. “Se puede cambiar de Papa, no hay ningún problema”, añadió.

La codicia como una enfermedad para la sociedad

En el Ángelus de este domingo, Francisco definió la codicia como “la ambición desenfrenada por las posesiones” y como “una enfermedad que destruye a las personas, porque el hambre de posesiones es adictiva” y las convierte en “servidoras del dinero”.

Pero, avisó, también se trata de una “enfermedad peligrosa” para la sociedad: “Por su culpa hemos llegado hoy a otras paradojas, a una injusticia como nunca antes en la historia, donde unos pocos tienen mucho y muchos tienen poco o nada”, lamentó.

Y preguntó: “Pensemos también en las guerras y los conflictos: el ansia de recursos y riqueza está casi siempre implicada ¡Cuántos intereses hay detrás de una guerra! Sin duda, uno de ellos es el comercio de armas, un escándalo ante el que no podemos ni debemos resignarnos”.

El pontífice argentino explicó que tras este fenómeno no solo hay “unos pocos poderosos o ciertos sistemas económicos” sino que se esconde la codicia “que hay en el corazón de todos”.

“Preguntémonos: ¿cómo es mi desprendimiento de las posesiones, de las riquezas? ¿Me quejo de lo que me falta o me conformo con lo que tengo? ¿Estoy tentado, en nombre del dinero y las oportunidades, a sacrificar las relaciones y el tiempo por los demás?”, cuestionó.

Porque, a su juicio, los bienes materiales, el dinero y la riqueza “pueden convertirse en un culto, en una verdadera idolatría”.

“Servirse de las riquezas sí; servir a la riqueza no: es idolatría, es ofender a Dios. Hermanos, hermanas, acumular bienes materiales no es suficiente para vivir bien, porque -repite Jesús- la vida no depende de lo que se posee”, concluyó.

Fuente: INFOBAE