Opinión

“El país que queremos recuperar”

De Gioconda Juez/Wuanplus tv
Guayaquil Ecuador

 

 

Ecuador atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La violencia que hace pocos años parecía lejana hoy forma parte de las conversaciones diarias, de las noticias y, lamentablemente, de la vida de miles de familias. Vivimos con la preocupación de que nuestros hijos salgan de casa, de que un emprendimiento sea víctima de la extorsión o de que una mujer no encuentre protección frente a la violencia que muchas veces comienza dentro de su propio hogar.

Sin embargo, la memoria nos recuerda que este no siempre fue el país que conocimos. Hubo un Ecuador donde los niños jugaban en los parques y en las calles del barrio sin que el miedo acompañara cada paso. Las familias compartían en las plazas, los vecinos se conocían y se cuidaban mutuamente. Existía la confianza de que el trabajo honesto permitía salir adelante y de que el futuro podía construirse con esfuerzo.

No se trata de idealizar el pasado ni de negar que siempre existieron problemas. Se trata de reconocer que hemos perdido algo esencial: la tranquilidad para vivir.

Recuperarla exige mucho más que operativos policiales o leyes más severas. Requiere un Estado fuerte, capaz de garantizar seguridad, justicia oportuna, educación de calidad, oportunidades de empleo y protección efectiva para las mujeres, los niños y los grupos más vulnerables. Un gobierno cercano a la gente, que escuche, dialogue y rinda cuentas, es parte indispensable de esa reconstrucción.

Pero también debemos preguntarnos cuál es nuestra responsabilidad como ciudadanos. Es fácil señalar únicamente a quienes gobiernan, pero una sociedad cambia cuando cada persona asume el compromiso de cuidar el espacio que le corresponde: su metro cuadrado.

Nuestro metro cuadrado es el hogar donde educamos con valores; la calle que mantenemos limpia; el vecino al que saludamos y apoyamos; el acto de denunciar la violencia y la corrupción en lugar de tolerarlas; el rechazo a la viveza criolla que tanto daño ha causado; el respeto a las normas; la solidaridad con quien necesita ayuda. Son gestos pequeños, pero repetidos por millones de ecuatorianos pueden convertirse en una fuerza transformadora.

Necesitamos volver a creer en la comunidad. Ningún país supera la violencia únicamente con más policías o más cárceles si al mismo tiempo se debilitan la familia, la escuela, la participación ciudadana y la confianza entre las personas. La seguridad también se construye fortaleciendo el tejido social.

El Ecuador que anhelamos no es una utopía. Es un país donde los niños vuelven a correr libres por los parques; donde ninguna mujer tema regresar a su casa; donde el trabajo digno permita vivir con esperanza; donde los jóvenes encuentren oportunidades para crecer y no para caer en las redes del crimen; donde los ciudadanos vuelvan a encontrarse con una sonrisa y no con la sospecha.

La reconstrucción del país no será inmediata. Requerirá liderazgo, instituciones sólidas y decisiones firmes. Pero también demandará ciudadanos comprometidos con el bien común.

Quizá la gran pregunta ya no sea quién va a cambiar el Ecuador, sino cuándo estaremos dispuestos, cada uno de nosotros, a comenzar por nuestro propio metro cuadrado. Porque los grandes cambios nacionales siempre empiezan en los pequeños espacios donde se forman los valores, nacen los ejemplos y florece la esperanza.

El país que queremos recuperar no depende únicamente de los gobernantes. Depende de la decisión colectiva de volver a ser una sociedad que privilegie la honestidad, la convivencia y el respeto. Solo así podremos devolverles a nuestros hijos el Ecuador tranquilo, solidario y alegre que merecen heredar.