Opinión

El mundo en sus manos

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com

Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

 

La pequeña gimnasta alza con toda su esbeltez una pelota. En perfecta sincronía de mente y cuerpo, se podría decir que sostiene el mundo en sus manos. La alegoría es hermosa y acaso más significativa de lo que parece. Una niña juega con el mundo y, a la vez, lo sostiene. Ella y la pelota a solas en la pista en una coreografía que mezcla arte con deporte y que representa el juego mítico del ser humano con el universo que lo acoge y al cual sobrelleva.

Todos hemos sido niños alguna vez, solo que pocos lo recuerdan, se lee en la dedicatoria de un libro de Saint Exupery que es más que un libro, una imperecedera admonición de la ternura. Yo lo recuerdo ahora viéndola, niña Rebeca en punta de pies, como una flor erguida sobre su tallo, sencilla, hermosa.

El mundo está en sus manos mientras la gimnasia rítmica le marca un derrotero casi celestial. ¿Qué hace con él? ¿Lo eleva como una ofrenda? ¿Lo muestra como un trofeo?¿ Lo exhibe para recordarnos los deberes sagrados que tenemos con él? El mundo y ella interactuando sobre la pista que es la tierra pero que podría ser el cielo, sino fuera porque a muchos niños los ha aplastado, semillitas rotas, sobre los pedregales y los huertos de tantísimos caminos.

Homero, en La Odisea, cuenta que Atlas, que sostiene el mundo, conoce los abismos de todos los mares y soporta las columnas de las profundidades del océano que separan el cielo y la tierra. Hesíodo lo sitúa en el país de las Hespérides en el borde mismo del planeta. Borges, con fatalidad, se refiere en uno de sus poemas “al peso del universo” y René Arrietas en un magistral ensayo sobre la poesía y la levedad de todo lo creado dice “que lo que no ha sido cantado pesa”…

Canta niña los infortunios y las esperanzas del mundo que atesoras en tus manos. Con tu grácil belleza, dinos que el ritmo, sus pausas y sus tiempos son una manera sabia de conducirnos en la vida. Enséñanos que cargamos con el mundo pero que si le cantamos pesará apenas como una rosa, como un clavel. ..Dinos niña Rebeca, te escuchamos…