El Ministro de los Campesinos: Leonardo Escobar Bravo y el grito del Ecuador profundo
Ing. Agr. Mauro Erazo Vélez/Guayaquil
En el Ecuador profundo, donde la tierra todavía huele a esperanza, hay un nombre que los campesinos pronuncian con respeto: Ing. Leonardo Escobar Bravo, el “Ministro de los Campesinos”.
Nacido en Guayaquil en 1948, Escobar entendió temprano que el país no se gobierna desde el escritorio, sino caminando surcos. Se formó como agrónomo en Babahoyo y como ingeniero en explotaciones agropecuarias en Valencia, España, y completó su visión en E.S.A.D.E., Barcelona. Pero su aula verdadera fue el campo.
Como diputado nacional (1984-1988) y provincial (1994-1996), impulsó leyes para el agro, el deporte y los discapacitados. Su huella más honda la dejó como ministro de Agricultura y Ganadería (2004-2005). Allí lideró una “verdadera revolución agropecuaria” junto a los protagonistas: los campesinos. Gestionó 48 millones de dólares no reembolsables desde Europa y trajo urea barata con convenios con Japón. Por eso el campo lo bautizó su ministro.
Hoy, a sus 77 años, no se ha jubilado de la tierra. Es asesor incansable del Foro Agropecuario Ecuatoriano que preside su amigo, el Ing. Agr. Mauro Erazo Vélez. Juntos emprendieron en mayo de 2025 la reactivación cafetalera en Manabí, llevando propuestas al MAG para fortalecer a los productores.
Su mensaje es el mismo desde hace 40 años: “¡Volver la mirada al campo es imprescindible!”. Y duele porque tiene razón. Ecuador perdió 530 mil hectáreas de café: de 556 mil a solo 26 mil. Perdimos palma, algodón y cacao. ¿Cómo planificar sin datos? No hay censo agropecuario desde el año 2000. Gobernamos a ciegas mientras el moco bacteriano y el fusarium arrasan cultivos.
Escobar no pide tractores ni camionetas. Pide fondo: censo actualizado, agenda agropecuaria, innovación, semilla certificada y crédito inmediato. Pide un consejo científico en el INIAP para que Ecuador no viva de la inercia, sino de la eficiencia.
Desde Guayaquil lanza su advertencia: “El campo no puede seguir siendo olvidado. Fortalecer el agro es garantizar empleo, alimento y futuro para millones”. Porque el Ecuador profundo son las 700.000 unidades productivas agropecuarias familiares que sostienen la soberanía alimentaria.
Escobar Bravo es la memoria viva de cuando el Ministerio se llenaba de botas embarradas y no de escritorios. Es el eco de los agricultores que todavía esperan.
Volver la mirada al campo no es nostalgia. Es urgencia. Y en esa urgencia, el Ministro de los Campesinos sigue sembrando: ideas, dignidad y la certeza de que sin campo, no hay patria.
