Ciencia

El mercado de comercio justo digital del ‘made in’ Colombia

Plataforma Discrepante.com utiliza la red para promover la innovación y la mano de obra local.

COLOMBIA. Desde un aderezo de frutos cocidos al whisky hasta una escultura que mezcla cerámicas y flores. La apuesta bien podría ser un cuello de lana tejido a mano o un cojín estampado con forma de cámara fotográfica. Las opciones abundan en Discrepante.com, una plataforma cuyo objetivo no es solo vender, sino vender bien. Es decir que al final de la cadena, entre el clic de la compra y la llegada del pedido a la dirección elegida por el usuario, el cliente y el productor queden satisfechos no solo por transacción sino por estar apoyando un modelo que defiende valores como el trabajo digno, el cuidado del medioambiente y el apoyo a la mano de obra local.

“Queremos que los compradores se acerquen de la mejor manera posible a la idea de ir a un mercado artesanal, a ese ritual de ir al zapatero si necesitamos zapatos, a la tienda si necesitamos condimentos, o a la carpintería si buscamos adornos de madera. Todo esto intentamos lograrlo usando internet”, asegura Isabel Rincón Estefan, una de las socias de este proyecto que nació a finales del 2013 con el concepto de ofrecer productos originales de pequeños fabricantes y empresas que no tienen acceso a complejos y costosos sistemas de distribución o a las grandes superficies.

La variada oferta que se encuentra en la página hoy está a cargo de unos 200 vendedores, marcas o pequeñas empresas fabricantes que han cumplido con tres requisitos básicos exigidos por la página: que todo producto publicado sea original y vendido sin intermediarios. Que sus procesos de producción sean responsables en términos de trabajo digno, cumplimiento de las leyes locales y amigables con el medioambiente. Y que entreguen información completa, honesta y transparente en su tienda en línea, su enfoque comercial y razón social. “Si encontramos algo sospechoso –advierte Rincón–, indagamos un poco más, y si no resolvemos las dudas, pues no activamos la tienda”.

Cada vendedor o marca sube a la página los productos que desea vender y especifica los tiempos y métodos de entrega para el cliente. De cada transacción, al portal le corresponde el 23 por ciento, incluido el IVA, que es la comisión que sirve para su mantenimiento y ganancia. “Todo lo que vendemos es hecho en Colombia –aclara Rincón–, y la gran mayoría de los vendedores compra también los insumos en el país”.

Hoy son unas 200 marcas, pero la meta de este año es ascender a 600, a las que pretende seducir con su apuesta de ofrecer al comprador una manera de consumir responsablemente. De su lado están varios estudios que marcan tendencia; uno de los más dicientes es el de Edelman, una firma global de relaciones públicas según la cual, en los países emergentes, el 70 por ciento de los consumidores elegiría comprarle a una marca comprometida socialmente sobre una que no lo esté, o que el concepto no esté entre sus prioridades empresariales.

“Plataformas tecnológicas como estas son una buena oportunidad para exhibir nuestros productos y, sobre todo, para posicionar nuestras marcas. Que la competencia sea entre colombianos y por la calidad de los productos es bueno para todos”, asegura Elizabeth Rojas, de la marca de accesorios Izy Magú, que trabaja desde hace dos años con Discrepante.

Un ‘market place’ digital

En términos digitales, los market place son sitios web en los que los compradores encuentran ofertas de diferentes y variados tipos de productos. La función de estas páginas es comercializar, servir de puente entre el productor y el comprador.

Aunque pueden parecer similares a los e-commerce, –páginas de ventas online–, se diferencian fundamentalmente en que no controlan inventarios ni las logísticas de entrega o producción. Son una suerte de vitrina electrónica y el único intermediario entre comprador y vendedor.

Discrepante está sujeto a esta tendencia de compra online y, a través de la ventana que abre para las marcas, se da incluso el lujo de vender productos por encargo, pues algunas de las empresas vinculadas trabajan por demanda y no por stock.

Cada transacción, al final, irá sumando números a los cerca de 8.000 millones de dólares que mueve en la actualidad el mercado por internet al año en el país, de acuerdo con la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (CCCE). Aunque la cifra resulta importante, es pequeña si se compara con la de regiones como Europa, Norteamérica y Asia –América Latina registra unos 33.000 millones de dólares–, que juntas suman unos 1.500 billones de dólares.

Rincón considera que a medida que aparezcan iniciativas en la red y mejore la cultura de las compras online, la cifra en Colombia podrá crecer y beneficiar a cientos de productores nacionales.

El ‘Amazon’ de lo hecho a mano

En 2005 nació en EE. UU. la plataforma Etsy.com, con la meta de ponerle “corazón al comercio haciendo un mundo más justo, más sostenible y más divertido”. La página comenzó vendiendo creaciones artísticas y de pequeños productores, y en poco tiempo fue identificada como el ‘Amazon’ de lo hecho a mano. Su creador fue Rob Kalin, pintor, carpintero y fotógrafo, quien ante la dificultad de poder entrar al mercado con sus creaciones optó por la construcción de una plataforma propia. El crecimiento de la idea fue impensado: al cabo de 5 años ya había superado la barrera de los 10 millones de usuarios, contaba con cerca de un millón de tiendas entre sus aliados y estaba en capacidad de concretar transacciones en 150 países. En abril de este año, sus directivas decidieron poner en la Bolsa de Nueva York un paquete accionario, y el resultado fue inesperado: tan solo en su primer día en el mercado lograron un recaudo de 267 millones de dólares. Actualmente, la compañía es el máximo referente de comercio sostenible del planeta.

Un proyecto premiado

Discrepante.com ha recibido varios reconocimientos por su carácter innovador: en 2014 fue ganadora de la convocatoria ‘Destapa futuro’ de la Fundación Bavaria. El año pasado recibió los premios ‘Innpulso a tu negocio digital’ de Innpulsa y NxtpLabs, e ‘In-pactamos’ de la Fundación Bancolombia. (Internet/La Nación)