Opinión

El leñador que soñó ser algo más

Claudio Campos

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@claudioncampos

John Jairo cortaba leña en un bosque que era propiedad de su abuelo paterno. Con tan solo 12 años caminaba desde muy temprano hasta el lugar para cumplir con la jornada laboral lamentablemente le tocaba realizar. La distancia de su precaria casa y el sitio le llevaba unos 50 minutos a pie en medio de un espeso bosque que guardaba peligros constantes. Con una fruta y un vaso de jugo como desayuno iniciaba la dura labor que por su dificultad comenzó a diseñar un cuerpo fibroso y muy atlético sumado a los genes naturales que traía de la familia.

El único descanso era a las 12:00 en punto para que los leñadores se sirvieran el plato de arroz infaltable con alguna presa, cosa que no todos los días sucedía. John Jairo era amante del fútbol y se auto incluía en los partidos informales que hacían los demás compañeros después de alimentarse donde aprendió a jugar con mayores.

Un día cualquiera del mes de agosto, llegó un camión con dos choferes que venían a cargar la leña y también por iniciativa del capataz fueron parte del “picadito”. Al finalizar y ver las grandes condiciones futbolísticas del mancebo, uno de los camioneros se acercó y le preguntó, quieres probarte en un club de Guayaquil?, a lo que con cara de asombro y un miedo que le recorrió todo el cuerpo respondió sin titubear, claro que sí señor, dígame que tengo que hacer.

Pasaron los días y la ansiedad convivía con el jovencito que pasó noches soñando e imaginándose como sería esa experiencia en una ciudad que sólo conocía por una foto que había en la iglesia de su pueblo. Los camioneros regresaron un par de semanas después, y sin mucho preámbulo le dijeron, ¿estás listo?, hoy te vas con nosotros y te llevaremos a la prueba.

El viaje duro 14:00 hasta que el muchacho nacido en un recóndito lugar de Esmeraldas diviso las luces de una ciudad imponente dejando en sus retinas una imagen y sensación que jamás pudo olvidar. En ese preciso instante supo que la vida tenía deparado para él otros horizontes.

Jhon Jairo llegó a ser seleccionado nacional, jugó en el extranjero muchos años y le dio la gran posibilidad a su señora madre de vivir dignamente, terminar sus estudios y estar orgullosa de su hijo para siempre. El amor por la pelota lo llevó a correr detrás de un sueño más allá de las adversidades y sacrificios constantes, pero cómo es una persona agradecida y muy integra, guarda en lo más profundo de su corazón las enseñanzas y demostraciones que le dio la vida cuando era un desconocido leñador.

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