Opinión

El lado oculto de ser o no ser

Claudio Campos

claudiocampos142@hotmail.com

@claudioncampos

Una caminata a paso rápido de unos 15 minutos me depositaba en la boca del subterráneo en la avenida Corrientes, una vez allí donde la temperatura sube ostensiblemente aguardaba por el convoy que a esa hora de la mañana venia abarrotado de personas recién peinadas y otras con cara de desesperación porque llegaban tarde a trabajar. Mi recorrido finalizaba en dos estaciones y nuevamente salía a la calle para tomar el colectivo número 76 que un cuarto de hora después me dejaba en la puerta del complejo deportivo. El utilero nos tenía listo el canasto con la ropa que habitualmente era la que había usado el año anterior el primer equipo, algunas medias sin elástico y el buzo para el frio desteñido y poco elegante, pero así y todo lo importante era trabajar y pelear por un puesto. Pasaron las temporadas y los destinos comenzaron a separar aquella camada de jugadores que luchamos por un escudo pero también por un futuro personal; llamadas privadas para algunos a firmar su primer contrato y listados llenos de frialdad en una pared para los que quedarían en libertad reinaban aquel diciembre de 1993.

Las incertidumbres y preguntas constantes de que podemos hacer ahora invadían a todos, unos con lágrimas se despidieron sabiendo y entendiendo que un pedazo importante de sus vidas había quedado regado en cada gota de sudor que cayó en esa cancha que nos vio bregar incansablemente. El teléfono de la pensión donde vivíamos con otros chicos del club sonó y automáticamente las pulsaciones subieron mi corazón que preveía algún desenlace importante, pero sin asimilar si sería bueno o malo. La voz firme de la secretaria del club me convoco a reunión esa misma tarde, a la que acudí con mi mejor atuendo y una ansiedad que me acompaño en todo momento.

Una sala enorme con una mesa para treinta personas, un televisor y dos teléfonos eran los únicos detalles significativos que aprecie al ingresar aquel lugar que seguramente en mis memorias quedara como sagrado. El silencio imperante se cortó con el sonido de una puerta y detrás de ella la presencia del presidente del club que con su imponente personalidad me saludo con un “buenas tardes joven”, mi secretaria le explicará todo pero firme lo que ella le dará; me dio un apretón de manos y se fue. Ya como futbolista profesión jugando a préstamo en otra institución aprendí que las realidades que estaban acostumbrados se habían quedado en el pasado y que en esta nueva experiencia la solidez de mi formación y deseos de cumplir el sueño me sacarían adelante soportando incomodidades y muchas preguntas sin respuestas.

La cancha estaba en mal estado y los balones no tenían el peso adecuado, sumado a eso reuniones constantes para tomar medidas por falta de pagos, en las que comprendí la desesperación de muchos compañeros que vivían de esta profesión. De pequeño me preparé de la mano de mi sueño que a lo largo de los años se volvió más tangible pero que en realidad es tan difícil de conocerlo que nunca se logra tener la posibilidad de saber si lo podrás cumplir. En lo personal quede aislado de situaciones naturales que se viven por la edad, viajes, reuniones con amigos y hasta fechas importantes con la familia.

Momentos que se tornaron en sacrificio puro y que formaron una coraza en mi ser, sabiendo que debían en algún momento traer la recompensa por la lucha que cada día aplique pensando que debía ser así . Llego uno de los momentos que sin saberlo se asemejaba mucho a poder cumplir el anhelo que venía persiguiendo durante todo este tiempo; la cancha estaba con mucho barro y el partido no daba respiro, el rival solo necesitaba el empate y nosotros obligatoriamente ganar. Al minuto 86 del complemento, después de una pared con un compañero, el abrió la pelota al lateral derecho y este entendió mi movimiento de desmarque, la pelota llego donde yo quería, mí salto fue perfecto y en ese segundo mil imágenes pasaron delante de mis ojos, personas que me ayudaron, momentos difíciles, amigos, mi casa, mi familia… el cabezazo se estrelló en el poste y se paseó por toda la línea de cal. No fuimos campeones, el partido finalizo, y lo primero que escuche de un compañero fue, no tienes nada que recriminarte, nadie sabe lo que hicimos para tratar de estar acá.

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