Opinión

El juicio al movimiento de ultraderecha “Unite the Right” envía un mensaje importante

(CNN) — Para los que estamos cada vez más preocupados por la perspectiva de aún más violencia política en Estados Unidos, el veredicto en el juicio del martes sobre Charlottesville -que declaró responsables por más de US$ 26 millones en daños a los líderes y grupos de ultraderecha que organizaron y participaron en la violenta manifestación de 2017- fue una noticia muy bienvenida.

Los acusados fueron declarados responsables de conspiración a nivel estatal y por otras demandas, aunque el jurado dijo que no podía llegar a un veredicto sobre dos demandas conspiración a nivel federal. De todos modos, es un buen día cuando algunas de las peores personas del país rinden cuentas y son castigadas con sanciones financieras potencialmente paralizantes.

La amenaza está lejos de haber terminado. Pero incluso si los acusados no consiguen los millones que el jurado les imputa, o si el tribunal reduce las indemnizaciones, el juicio y su resultado enviaron una señal de que en Estados Unidos, después de todo, habrá rendición de cuentas por esos horribles días de verano, un mensaje que se ha escucho demasiado poco desde que la violencia política empezó a aumentar en los últimos años.

Puede que el dinero nunca llegue, y la ideología no desaparecerá. Pero este juicio debería lograr al menos dos objetivos importantes. En primer lugar, debería hacer que otros que planean hacer una exhibición pública tan descarada de sus horribles opiniones lo piensen dos veces.

En segundo lugar, establece de forma clara e incontrovertible que lo ocurrido en Charlottesville en 2017, un momento histórico en la historia de Estados Unidos, es una afrenta a los valores del país, ampliando la comprensión de los estadounidenses sobre la amenaza violenta que supone el extremismo de derechas, al dejar claro de qué se trataba la violencia en Charlottesville.

Aquel suceso no fue el primer ataque de extrema derecha en EE.UU., pero abrió las puertas más allá y de una manera nueva a las muestras de radicalismo político armado, una amenaza que ha ido creciendo y acelerándose, culminando en el ataque del 6 de enero en el Capitolio, un intento de golpe de estado, en mi opinión.

Los sucesos de Charlottesville del 11 y 12 de agosto de 2017 están grabados en la mente de muchos estadounidenses. Era el primer año de una presidencia que había entusiasmado a los extremistas de extrema derecha. La marcha por los terrenos de la Universidad de Virginia parecía y sonaba como algo salido de la Alemania nazi de los años 30, con antorchas y gritos de “Los judíos no nos reemplazarán”, “Sangre y tierra” y saludos al estilo nazi con brazos rígidos.

El momento pareció confirmar nuestros peores temores. Al día siguiente de esa escalofriante marcha, los violentos enfrentamientos entre racistas y antirracistas se volvieron mortales cuando uno de los acusados embistió con su coche a una multitud de contramanifestantes, matando a uno de ellos e hiriendo a varios de los que ahora se han convertido en demandantes en este juicio.

Después de la manifestación de Unite the Right (Unamos a la derecha, en inglés), los estadounidenses -y el resto del mundo- escucharon al expresidente hablar por los dos lados de la boca, teniendo dificultades para criticar a los extremistas entre sus partidarios para deleite de los neonazis. Finalmente consiguió condenarlos, pero no sin declarar que había “algunas personas muy buenas en ambos lados”.

Durante el juicio, los miembros del jurado se enfrentaron a las repugnantes opiniones de los acusados. Estas opiniones están protegidas por la Primera Enmienda, pero la Constitución no permite la violencia ni la conspiración. “Este será un verano violento”, escribió el otrora icono de la ultraderecha Richard Spencer dos meses antes de la manifestación. (Spencer ha dicho que el juicio ha sido “financieramente paralizante”). En un tablón de mensajes de extrema derecha, un hombre que se hacía llamar “JUDENJAGER“, cazador de judíos en alemán, escribió: “vamos a ver algunas peleas serias en Cville y veremos sangre en algunos de estos polos blancos lol”.

En estos procedimientos, algunos de los acusados hablaron con admiración de Hitler y pronunciaron repetidamente la palabra “n”. Uno de los abogados utilizó deliberadamente la palabra k–e, un insulto antisemita, en un esfuerzo por “insensibilizar al jurado”, explicó.

Las pruebas fueron abrumadoras. El jurado determinó que cinco grupos de extrema derecha deberían pagar un millón de dólares cada uno, y una docena de acusados deberían pagar US$ 500.000 cada uno, en concepto de daños punitivos por participar en una conspiración civil.

Estados Unidos -y el mundo- necesitan escuchar el mensaje de responsabilidad que ha enviado este jurado. Después de Charlottesville, los extremistas de ultraderecha se volvieron aún más mortíferos. Al año siguiente, un hombre que gritaba “¡Todos los judíos deben morir!” irrumpió en una sinagoga en Pittsburgh y abrió fuego, matando a 11 personas. Al año siguiente, un hombre que, según la policía, dijo que tenía como objetivo a los mexicanos, disparó y mató a 23 personas en un Walmart de El Paso, Texas.

En poco tiempo, las milicias armadas estaban por todas partes, protestando por las restricciones pandémicas y manifestándose en apoyo de las falsas afirmaciones del ex presidente Trump sobre las elecciones. Los milicianos planeaban secuestrar a la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer.

El FBI dice que los extremistas violentos por motivos raciales o étnicos (RMVES) representan la mayor amenaza terrorista para la nación, y encontró que el 6 de enero “demuestra la voluntad de algunos de usar la violencia”, para lograr objetivos políticos.

Estados Unidos también está inundado de armas, y muchas de ellas están en manos de militantes de extrema derecha dispuestos a utilizarlas con fines políticos. “¿Cuándo podemos usar las armas?”, preguntó un activista durante un reciente acto del grupo juvenil de derechas Turning Point USA. “Quiero decir, literalmente, ¿dónde está el límite?”, volvió a preguntar, “¿cuántas elecciones van a robar antes de que matemos a esta gente?”.

Si esto no es lo suficientemente aterrador, considere lo que hemos visto durante esta semana tan inusual.

En una extraña coincidencia, tres juicios distintos, todos ellos relacionados con las tensiones y la violencia que han estallado en este país en los últimos años, llegaron a un punto culminante. Además de Charlottesville, está la condena de tres hombres blancos en Georgia por el asesinato de Ahmaud Arbery, un hombre negro desarmado al que persiguieron. Y luego está el juicio de Kyle Rittenhouse, el adolescente que se presentó en una protesta antirracista armado con un rifle de asalto, que utilizó para matar a dos manifestantes en lo que dijo fue defensa propia, una afirmación que el jurado aceptó al absolverlo de todos los cargos.

No hay pruebas de que Rittenhouse fuera un extremista, pero se trata de un joven que, repitámoslo, disparó y mató a dos personas. Y a pesar del trágico resultado de sus acciones, Rittenhouse se ha convertido en un héroe a los ojos de muchos. Su apoteosis incluyó un encuentro con el ídolo de la derecha, el expresidente Donald Trump, en Mar-a-Lago. En una sociedad normal y estable, se habría ido a casa y se habría callado, considerándose afortunado de no pasar el resto de su vida en la cárcel. Sus partidarios seguramente habrían respirado aliviados y quizás habrían intentado cambiar de tema.

Sus acciones, el uso de un arma de fuego en medio de una protesta política, están siendo consideradas como una inspiración. Los miembros del Congreso compiten por incorporarlo a sus plantillas. Uno de esos miembros, el diputado Madison Cawthorn, dijo a sus seguidores tras la absolución de Rittenhouse: “Tiene derecho a defenderse. Estén armados, sean peligrosos y sean moralmente aptos”.

Las amenazas que plantean la retórica y la violencia extremistas no han desaparecido, pero en un entorno como el que vivimos, la victoria de Charlottesville fue importante. Al llegar justo antes del Día de Acción de Gracias, da una razón más para celebrar, aunque sea con cautela, en estos tiempos peligrosos.

 

 

Nota del editor: Frida Ghitis, (@fridaghitis), exproductora y corresponsal de CNN, es columnista de asuntos mundiales. Es colaboradora de opinión semanal de CNN, columnista colaboradora de The Washington Post y columnista de World Politics Review. Las opiniones expresadas en esta columna son suyas. Ver más opinión en CNN.

 

 

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