Economía

El IVA, el ‘comodín’ de los gobiernos ante conflictos armados o desastres naturales

Los conflictos armados y fenómenos naturales son parte de las razones que han motivado las alzas del IVA en Ecuador. El último incremento fue en 2016.

No es la primera vez que un conflicto armado motiva un incremento del Impuesto al Valor Agregado (IVA), como plantea el Gobierno de Daniel Noboa, con la reforma tributaria presentada el 11 de enero de 2024 a la Asamblea.

De hecho, las guerras con Perú motivaron varios aumentos de este tributo a lo largo de la historia contemporánea de Ecuador. Otras razones por las que ha subido el IVA son fenómenos naturales, como El Niño de 1981 o el terremoto de abril de 2016 en la Costa. El IVA es un impuesto a la transferencia de bienes y servicios, explica Cinthia Uzcátegui, socia de Census Consultores. Actualmente, existen dos tarifas.

La de 12%, con la que se grava a 208 productos de la canasta básica. Y la de 0%, con la que quedan exonerados del IVA productos y servicios como alimentos, salud, educación, arriendo y servicios del hogar, y transporte público.

El analista tributario Napoleón Santamaría explica que la recaudación tributaria es la manera más «rápida y eficiente» de obtener liquidez cuando hay problemas en la caja fiscal para cubrir gastos urgentes, como el tema de la seguridad actualmente.

A continuación, le presentamos una cronología de los cambios que ha tenido el cobro del IVA a lo largo de la historia y sus motivaciones:

Impuesto a las ventas

Antes de que se conociera como Impuesto al Valor Agregado (IVA), hubo otros tributos con fines similares en Ecuador.

Uno de los primeros fue el impuesto a las ventas, creado en 1941, durante el Gobierno de Carlos Alberto Arroyo del Río, con una tarifa impositiva del 1,5% sobre el valor bruto de ventas. La creación de este tributo estuvo motivada por los efectos económicos de la ‘guerra del 41’, entre Ecuador y Perú, explica el analista tributario Napoleón Santamaría.

En el mandato de Carlos Julio Arosemena (1961-1963), mediante reforma legal, se dispuso que el impuesto a las ventas se pague trimestralmente, con una tarifa del 3,5%, reseña el artículo El Impuesto al Valor Agregado en Ecuador y su incidencia en las recaudaciones tributarias (2017), de la revista Sur Academia, de la Universidad Nacional de Loja.

Impuesto a las transacciones mercantiles

En 1970, durante el Gobierno de José María Velasco Ibarra, se crea el Impuesto a las Transacciones Mercantiles (ITM), con una tarifa de 4%. Con este nuevo tributo se sustituyó el impuesto a las ventas.

El ITM «era en realidad un impuesto al valor agregado de tasa uniforme con muchos sectores exentos», dice una nota técnica del Banco Central, titulada Reforma tributaria en Ecuador: su impacto sobre los ingresos tributarios y el comportamiento de los contribuyentes (1995).

Según Santamaría, este cambio buscaba crear un sistema más formal de recaudación de tributos, por un Gobierno que requería recursos para la caja fiscal. Para entonces, Ecuador no era todavía un país petrolero.

Aumentos por crisis sociales

El Impuesto a las Transacciones Mercantiles (ITM) subió del 4% al 5%, en 1981, durante el Gobierno de Osvaldo Hurtado. Además, se reconocía el crédito tributario por las adquisiciones de materia prima e insumos en la fabricación de productos para la exportación, según el artículo de revista Sur Academia.

Durante la administración de Hurtado, en 1983, el ITM se elevó al 10%, por decisión de la Asamblea. Con este incremento se convirtió en la principal fuente de ingresos tributarios internos, dice la nota técnica del BCE, Entre enero y febrero de 1981, Ecuador tuvo un nuevo enfrentamiento armado con Perú, denominado conflicto del Falso Paquisha.

Este conflicto, junto a las pérdidas económicas y sociales que dejó el fenómeno de El Niño de los años 1982-1983, fueron parte de las motivaciones de las alzas de impuestos de esos años.

Se crea el IVA

Durante la presidencia de Sixto Durán Ballén, en 1995, desaparece el Impuesto a las Transacciones Mercantiles (ITM) y pasa a denominarse Impuesto al Valor Agregado (IVA), con lo que se crea oficialmente el tributo como se conoce hoy en día.

La tarifa se mantuvo en 10%, pero además se creó la de 0% para productos y servicios básicos como alimentos, salud y educación. Además, se incluyó en la ley la obligación de declarar, aunque se hayan efectuado ventas con tarifa 0% de IVA, explica el artículo de Sur Academia.

En 1996, por medio de una reforma de ley, se establece la declaración mensual para los contribuyentes que realicen ventas de productos gravados con la tarifa de 10%.

Dolarización y aumento del IVA

En noviembre de 1999, con Jamil Mahuad al frente del Gobierno, el IVA subió del 10% al 12%.

Esta tarifa comenzó a cobrarse a partir de enero de 2000. Para entonces, Ecuador atravesaba una de sus peores crisis económicas que llevó a la dolarización del país, en enero del 2000, recuerda Cinthia Uzcátegui, socia de Census Consultores.

Apoyo a la reconstrucción

Desde el 2000 hasta 2016, el IVA se mantuvo en 12%. Pero, en mayo de 2016, tras el devastador terremoto en la Costa ecuatoriana, se subió el impuesto al 14%, por un período de 12 meses, para la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto.

La medida fue tomada durante el Gobierno de Rafael Correa. Santamaría explica que con esta medida, el Estado logró un incremento en la recaudación tributaria cercana a los USD 1.000 millones. A partir de junio de 2017, el IVA retornó al 12%, tarifa en la que se ha mantenido hasta entonces.

Un país sin ahorro para emergencias

En definitiva, las alzas de impuesto en Ecuador han estado impulsadas en muchos casos por conflictos armados o desastres naturales. Para el analista tributario Napoleón Santamaría, esto demuestra que los Gobiernos no han sabido planificar, ahorrar ni tener fondos de contingencia.

«Hay que cambiar a un modelo más previsivo, responsable y serio», señala Santamaría. Por otro lado, la socia de Census Consultores, Cinthia Uzcátegui, señala que si bien es un impuesto de fácil recaudación, los incrementos también tienen un impacto en la intención de consumo, lo que puede provocar una desaceleración económica.

«Esto también debe tomarse en cuenta en las estimaciones de recaudación», dice Uzcátegui.

Por: PRIMICIAS