Opinión

El invitado de Vox

Es difícil saber cuántas personas mandaron el mismo mensaje en las horas previas a la Nochebuena. «Y recordad, si veis que la cena está desanimada, solo tenéis que decir una cosa. ‘Pues voy a votar a VOX’. Y dejad que la magia fluya». Seguro que usted, lector, también se divirtió cuando se lo mandaron y pensó que se trataba de un mensaje certero.

Pero es curioso. En muchos ámbitos -de lo menos insospechados, además- nombrar a Vox ya no es mentar a la bicha sino que tiene un efecto de catarsis. «Ah, pues yo también», responde otro a la confesión voxera del aburrido. Entonces, se produce una escena similar a esas reuniones de Alcohólicos Anónimos que se ven en las películas. Muchos también van a votar a Vox y cada uno tiene su motivo. No solo se trata del voto rural -los amigos ya lo comparan con la Tractoria nacionalista- sino también de personas que de alguna manera han encontrado en el partido que lidera Santiago Abascal una respuesta.

¿A qué? El otro día le pregunté a un señor importante ya retirado si estaba preocupado por los resultados que Vox pudiera tener en unas hipotéticas elecciones generales. «Pues no… Porque Vox es la prueba de que por fin tenemos problemas de país rico». Unas semanas antes me había explicado que la opción favorita del IBEX era un Gobierno de PSOE y Ciudadanos. Dicen que Andalucía es la región más conservadora de España. Y es verdad. En unos días se acabará con el gobierno socialista que ha durado 36 años. Muchos pensaron que el cambio sería imposible. Y por eso callaban cuando les obligaban a que el lápiz del señor loquesea (por si los nuevos no lo quitan) les dibujara -con escuadra y fajo- el futuro de sus campos y sus ciudades. Y callaban por los dedazos y las subvenciones a empresas.

Hasta por esas urbanizaciones de protección oficial en las que se jactan de vivir muchos niños ricos de Andalucía. Y quizás fuera por la tontería que decía Ortega (que no es Ortega Smith) en su Teoría de Andalucía (1927). En resumen: el pueblo andaluz no es holgazán sino que no necesita trabajar tanto para vivir como quiere. Porque es verdad que Andalucía es el lugar más privilegiado naturalmente del mundo. ¿Y quién quiere que eso cambie? Nadie. Pero Andalucía puede ir a mejor. O no. Quién sabe como nos pueden decepcionar los nuestros. (Porque Susana, Felipe, Guerra… también lo fueron). No había que perder la oportunidad. Aunque Marín diga que Vox le «da vergüenza».

Autor: EMILIA LANDALUCE