Opinión

El invierno

Jorge Norero .

 

 

Como todo en la vida, también el hombre tiene cuatro estaciones. Nuestros años mozos de crecer, formarnos, aprender, amar, son nuestra primavera, los de madurez, trabajo, crecimiento y mayor producción física e intelectual, son el verano.

El otoño, luego de los cuarenta, es cuando comienzan a caer las hojas, y nos transformamos, así, comienza a caer nuestro cabello, las canas aparecen y comienza la transición de todas nuestras perspectivas y razones existenciales, hacia la verdadera razón del ser humano, cosechar en el invierno todo aquello que hicimos o dejamos de hacer, consientes o deliberadamente indiferentes.

Es en esta etapa, donde los que llegamos, porqué ahora me doy cuenta, pese a que por mucho que quisiera, el tiempo ha causado mágicos cambios y marcado las huellas de su paso, dejando cicatrices y arrugas en mi piel e inclusive en mi alma, es el momento indicado, para parar y mirar atrás y meditar, si la huella dejada, es aquella, por la que tanto y mucho, luchamos por construir y alcanzar….

Nada puedo hacer ya para cambiar mi pasado, el tiempo para reparar y revivir, no está más. Lo que paso pasó, y cambiarlo es imposible…

Pero es entonces que el milagro en el juego de la vida, nos hace disfrutar y valorar, lo que hemos cosechado, en mi caso tengo nueve hijos y muchos nietos, cada uno tiene su propia identidad y maravillosa forma de crear en mí, espectaculares fuegos y destellos, que hacen vibrar las cuerdas más profundas de mi corazón y de mi alma..

Pese a que tuve muchos amores, de los cuales no puedo decir nada malo que pudiera ofenderlas, ellos forjaron al hombre que en la actualidad tiene en su corazón y mente, a la mujer que por un cuarto de siglo, ha sido la verdadera luz, el acero y el diamante, capaz de resistir por amor, las duras batallas que pude haberle causado y que solo por su inmensa bondad, ha resistido y tolerado, al gruñón e intenso ser, que reconozco soy, en algunas cosas inclusive sin importancia.

Con lágrimas mezcladas de alegría y tristeza, al mirar que muchos de los que amaba ya no están, y pronto nos volveremos a encontrar, pero es mi pesar tal, que me causa mucho dolor, tener que dejar, a aquellos que con inmenso amor ya no podré verlos crecer, poder ayudar, compartir y sentirme orgulloso, feliz de poder vivir, reir, llorar junto a ellos, sus propias experiencias, metas, penas y alegrías…

Esas son las leyes de la vida, y es por lo tanto inexcusable, el vivir ahora con mayor intensidad y conciencia, los últimos actos en la novela que escribimos y vivimos de nuestras vidas, rogar a D-s que no nos lleve todavía y que cuando tengamos que partir, nos permita estar rodeado de todas aquellas personas maravillosas que nos aman, es mi oración diaria y súplica permanente.

Ya no deseo nada más, que vivir junto a ellos, lo que me toque todavía esperar hasta mi partida. Ni el oro ni el poder, podrán comprar ni el tiempo peor el amor, que son intangibles que están y nacen sin poder uno ni comprar o forzar de ninguna manera a conveniencia…

Estoy ya en mi invierno, ya no puedo aunque quisiera dar marcha atrás, que todavía tengo mucho que hacer y construir es cierto, pero no tengo mucho tiempo, y mi tiempo es ahora sólo para amar y desearles a todos no dejemos de amar, que es entonces cuando en verdad, habremos llegado sin darnos cuenta a la fusión con el infinito y la eternidad.
Semper fidelis.