Opinión

El idioma de Dios

Jorge Alania Vera
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Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

Según una enraizada tradición cristiana, Jesucristo en el huerto de Getsemaní, agobiado seguramente por la ansiedad y la congoja, le rogó a su Dios, que era su padre: Abba Padre, aparta de mí este cáliz, más no se haga mi voluntad sino la tuya.

La palabra aramea “Abba” significa “oh, padre” o “el padre”. Era el nombre común y afectuoso que usaban los niños al referirse a su papá. Abba padre, mezcla un término coloquial amoroso e íntimo, con otro en el que se señala la dignidad intrínseca del padre.

El arameo tiene tres mil años de antigüedad y pertenece al grupo noroccidental de las lenguas semíticas, que también incluye las cananeas como el hebreo y el fenicio. Actualmente cerca de 500 mil personas lo hablan de alguna forma en las localidades de Qamshli, Yabadin y Maalula, en Siria; Bajdida, Bartle, Tel Escof, Ankawa y aldeas del norte en Turquía y Tur Abdin, Mardin, Mediat y algunas aldeas más en Irán, y en otras comunidades de su diáspora. Algunos lingüistas señalan que ésta precisamente favorece que las nuevas generaciones prefieran utilizar el árabe o las lenguas de su país de residencia. En ese sentido, señalan que para el año 3 mil es probable que el arameo haya desparecido.

Ha llamado la atención durante siglos que la versión en español del Nuevo Testamento conserve palabras dichas por Jesús en su lengua materna, el arameo, ¡como “Talita kum!”, niña levántate, o “Eli, Eli, lama sabactani?”, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? No está claro por qué se conservaron así en el texto sagrado, pero su eco es estremecedor en su recuerdo.

Pablo Neruda decía que el inglés era el mejor idioma para escribir poesía. Tal vez sea así, porque leyendo Song of Myself (Canto a mí Mismo) de Walt Witmann, cualquier buen aficionado podría pensar igual. O también recitando en voz alta Two English Poems que Borges incluyó en sus obras completas. En idéntica forma, se afirma que el español es el mejor idioma para escribir prosa. Y cómo no confirmarlo leyendo alguno de los muchos párrafos espléndidos de García Márquez.

Las palabras de Cristo tenían algo especial. El Sermón de la Montaña como las palabras de la cruz fueron dichas por Él en arameo Su tono compasivo y tierno, a veces se agigantaba en severos ardientes o en sentencias magistrales que parecían que venían de Dios. Venían de Dios, juran muchos. Y aunque nadie las ha escuchado, señalan los cabalistas que hay un nombre, el de Adán, que Dios dijo en voz baja. Sin embargo, hace más de 2 mil años, en el monte de Calavera se escuchó clamar: ¡Elí, Elí, Lama Sabactani! Era Cristo que le preguntaba a su padre, en arameo, su idioma, por qué lo había abandonado…