Opinión

EL GRAN CULPABLE ES EL MISMO LASSO.

Antonio Aguirre Medina /Guayaquil

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La gran diferencia entre ser un político y un banquero exitoso es abismal y, por lo general, las dos actividades son contrapuestas y explosivas. Ambas han producido un caos nacional del que el mayor perjudicado seguirá siendo el famélico y nuevamente engañado pueblo ecuatoriano.

El rotundo fracaso del Partido Social Cristiano y su carnal Madera de Guerrero junto con su exaliado el movimiento de Gobierno CREO están pagando caro su soberbia y prepotencia con un desgaste sepultural para seguir siendo considerados como fuerzas políticas exitosas.

El presidente Lasso se acaba de quedar sin piso de sustentación y, Nebot y sus aliados sin ninguna credibilidad, los dos juntos no tienen ninguna fuerza que impida el retorno triunfal de un prófugo de la justicia que se presentará como un inmaculado perseguido político.

El presidente Lasso tiene tres posibilidades inmediatas: Primero, la renuncia al cargo entregando el poder a quién legalmente corresponda; la segunda, intentar aplicar la muerte cruzada de inmediato y la tercera, continuar en el cargo sometido a los caprichos y ambiciones de Correa y Nebot, situación más complicada y deshonrosa que difícilmente la aceptaría.

En conclusión, entre los actos de corrupción denunciados y un callejón de salida sin retorno, lo más saludable y menos traumático es la renuncia irrevocable e irretirable antes que se inicie el incendio de la patria y no tenga que salir a la carrera o asilarse en alguna embajada amiga.