Opinión

El género en la cédula

Juan Javier Campoverde

jj_campoverde@hotmail.com

@JuanCalambre

El proyecto de Ley Orgánica del Servicio Nacional de Gestión de la Identidad y Datos Civiles que se debate actualmente en la Asamblea ha generado polémica. El punto álgido es el asunto del género y el sexo.

La ley busca asegurar el derecho constitucional a la identidad de género, el cual a veces no coincide con el sexo biológico. Quienes se oponen son quienes más radicalmente profesan tolerancia y amor al prójimo, los cristianos.

En este mundo es normal haber visto, al menos una vez, un transexual, lo sepamos o no; pues son más comunes de lo que se cree. Cuando esto ocurre, no se acostumbra a reaccionar poniéndolo en evidencia, pretendiendo con ello alejar a todos de él o ella.

Al ver un travesti, la elemental educación manda actuar normalmente. Y es lo que hacemos todos, incluso los cristianos. ¿Por qué entonces, si en la vida cotidiana imprimen ese auto control, no pueden hacerlo desde sus instituciones?

¿Por qué exponer a quien tiene un género distinto de su sexo biológico a una situación degradante? ¿Por qué hacer un escándalo por el diseño del documento y no hacerlo cuando los tienen en frente?

Pues oponerse a este sutil tecnicismo termina siendo discriminatorio. Quienes forman parte de este grupo son, en efecto, denigrados; cuando por ejemplo, tienen que hacer la fila para votar con hombres siendo mujeres, o viceversa.

Insistir en que un documento de identidad no refleje la identidad sino una característica biológica, solo puede tener la intensión de evidenciar la diferencia como algo negativo, fomentando así la discriminación.

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