El futuro de nuestra ciudad sigue en nuestras manos
Francesco Aycart
@fmaycart – Guayaquileño, Barcelonista y anticentralista
Cada vez que se aproximan unas elecciones seccionales, pareciera que una buena parte de los ciudadanos entra en una especie de piloto automático: escuchamos promesas, asistimos a uno que otro mitin, vemos fotografías perfectamente editadas en redes sociales, repetimos frases de campaña y, llegado el día de la votación, terminamos escogiendo a quien nos cayó mejor, al que habló más bonito o simplemente al candidato del partido político con el que simpatizamos,olvidando que, a diferencia de otras elecciones, aquí no estamos decidiendo únicamente quién ocupará un despacho público; estamos definiendo quién administrará la ciudad donde vivimos, donde estudian nuestros hijos, donde trabajamos y donde aspiramos a construir un futuro mejor.
La política nacional suele despertar pasiones y dividir opiniones, pero la política local debería despertar algo mucho más importante: responsabilidad. Esto se debe a que el alcalde, los concejales y las demás autoridades seccionales toman decisiones que inciden directamente en nuestra vida diaria: desde el estado de una calle hasta el acceso al agua potable,desde el ordenamiento territorial hasta el impulso al comercio, desde la recuperación de un parque hasta la planificación del crecimiento urbano. Razón por la cual resulta incomprensible que todavía existan ciudadanos que dediquen más tiempo a comparar teléfonos celulares antes de comprarlos que a conocer la trayectoria, las propuestas y la capacidad de quienes pretenden administrar millones de dólares pertenecientes a todos nosotros a través del pago de los impuestos correspondientes.
Quizá uno de los mayores errores que hemos cometido como sociedad ha sido delegar completamente nuestra responsabilidad ciudadana: elegimos autoridades y luego desaparecemos del escenario público; únicamente reaparecemos cuando una obra no se ejecutó, cuando una promesa quedó incumplida o cuando llega una nueva campaña electoral,olvidando que las mejores ciudades del mundo no son producto exclusivo de buenos alcaldes, sino también de ciudadanos vigilantes, participativos y conscientes de que el control social no constituye un acto de confrontación, sino una obligación democrática, porque quien administra recursos públicos debe saber que detrás de cada decisión existe una comunidad observando, evaluando y recordando que el verdadero poder siempre permanece en manos de nosotros, los ciudadanos.
Las próximas elecciones seccionales representan una oportunidad para demostrar que hemos aprendido de los errores del pasado, que ya no nos seducen únicamente los megadiscursos montoneros, ni los gallitos de pelea, ni las promesas estériles; que comprendemos la diferencia entre un candidato preparado y otro improvisado, entre un administrador y un simple protagonista de campaña. Pero también representan la ocasión para asumir que el futuro de nuestra ciudad no dependerá exclusivamente de quien resulte electo; dependerá igualmente de nuestra capacidad para exigir resultados,respaldar aquello que beneficie al cantón y rechazar con firmeza todo aquello que atente contra el bienestar colectivo,porque las autoridades cambiarán, los partidos políticos aparecerán y desaparecerán, los períodos concluirán y nuevos nombres llegarán a la contienda electoral, pero la ciudad seguirá siendo la misma, será el lugar donde vivirán nuestros hijos y nuestros nietos, razón suficiente para entender que, antes de marcar una papeleta electoral, debemos recordar que el futuro de nuestra ciudad sigue en nuestras manos.
