Opinión

El fútbol aún se juega con pies descalzos en Pescaíto, cuna de Valderrama

Concepción M. Moreno

@EFE

Pescaíto es un barrio de Santa Marta, que, lejos de la imagen de pasado esplendoroso y hoy decadente de su centro histórico, no tiene grandes construcciones ni asomo de ellas. En sus calles se juega al fútbol con pies descalzos, como en su día hizo su vecino más ilustre: el «Pibe» Valderrama.

Carlos Valderrama, uno de los futbolistas colombianos con mayor reconocimiento -por no decir el que más- por parte del público local y que también pudieron disfrutar los espectadores de Francia (Montpellier), España (Real Valladolid) y Estados Unidos (Tampa Bay), es considerado un «héroe» por sus paisanos.

El exjugador nacido en Santa Marta en 1961 dio sus primeras patadas a un balón en estas mismas calles y practicaba en la cancha de arena La Castellana que, todavía hoy, sigue siendo la única instalación deportiva del barrio.

Cuando un turista se sube a un taxi en Santa Marta preguntando por la estatua del «Pibe», el conductor solo saca pecho y no hay que dar muchas más explicaciones. Se da por entendido que, además de acudir a las cercanías del estadio Eduardo Santos, en cuyo exterior se sitúa la escultura, el visitante querrá ir a ver a Jaricho.

Carlos «Jaricho» Valderrama, padre del inconfundible exjugador de rizos rubios, continúa viviendo en Pescaíto pese a que su hijo le ofreció salir de allí. Precisamente Jaricho se opuso a que la escultura que le homenajea, de nueve metros de altura, facturada en bronce e inaugurada a finales de 2002, se situara en otro lugar que no fuera su barrio.

Pero pudo más lo institucional y quedó situada en el exterior del estadio Eduardo Santos -bautizado así por el que fuera presidente de la República entre 1938 y 1942 y tío-abuelo del actual mandatario, Juan Manuel Santos-, al que acuden en peregrinación vehículos con turistas para fotografiarla.

A más de uno se le ocurre recrear la famosa escena que protagonizaron en 1991 él, que militaba en el español Real Valladolid, y el entonces jugador del Real Madrid José Miguel González «Míchel», quien, en una maniobra de picardía futbolística, agarró los genitales al colombiano ante su asombro y el de quienes vieron después las imágenes en televisión o en prensa.

Elber Mendoza, vendedor ambulante en las cercanías del estadio del Santa Marta -que milita en Segunda División y que ya ni siquiera juega en su campo, sino en Ciénaga, primer municipio del departamento de Magdalena-, explica a un grupo de periodistas españoles los entresijos del mismo y revela su admiración por el «Pibe», que salió del Unión Magdalena.

«Yo soy hincha del Junior de Barranquilla, donde él triunfó, pero en realidad soy de cualquier equipo donde él jugó», señala en las gradas de un estadio que será demolido próximamente para acometer obras de rehabilitación con vistas a los Juegos Bolivarianos 2017, que se celebrarán en Santa Marta.

Para Elber, Valderrama es «un héroe mundial, lo conocen y lo quieren en todos lados».

Los taxistas aguardan a la conclusión de la sesión de fotos y las explicaciones para adentrarse sin titubeos en Pescaíto, el barrio del «Pibe» y donde aún vive su padre.

Al pasar por La Castellana -curioso giro del destino que la cancha donde Valderrama empezó a practicar de niño lleve el mismo nombre que la avenida donde se sitúa el estadio Santiago Bernabéu, donde tuvo lugar la famosa acción con Míchel-, decenas de niños se entrenan sobre la arena en el único recinto deportivo barrial.

Pero al llegar a la esquina donde se sitúa «El rincón de Lola», un estadero (bodegón) donde los domingos se sirve bebida y se baila, propiedad de Jaricho y que lleva el nombre de una hermana del «Pibe», unos muchachos pegan al balón sobre el asfalto con los pies descalzos; alguno de ellos con una técnica bien depurada.

Destacan Ronaldo Vásquez y Jorge Cuesta. Ambos son ya jugadores sub 16 en equipos importantes, Unión Magdalena y Nacional de Medellín, respectivamente, y sonríen cuando se les pregunta si les gustaría jugar en Europa o por el nombre de sus futbolistas favoritos.

Cuando tienen que quedarse con un integrante de la selección colombiana no mencionan a James, como la mayoría del país en la actualidad. «Falcao es el mejor», afirman. Quizá tenga que ver que también es samario, como ellos.

Un vecino informa de que el padre de Valderrama está durmiendo la siesta, pero en la acera opuesta un anciano se levanta de su silla y dobla la esquina con paso lento aunque decidido. A Jaricho le espantan las fotografías y más las de los turistas que vienen a buscarle.

Pese a los reiterados intentos de los periodistas siquiera por saludarle, él les da la espalda y sale huyendo por esas mismas calles donde su hijo una vez jugó con los pies descalzos.

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