Opinión

EL FENÓMENO DEL NIÑO: ENTRE LA AMENAZA Y LA OPORTUNIDAD DE ANTICIPARNOS.

Ing. Agr. Mauro Erazo Vélez.

Presidente del Foro Agropecuario Ecuatoriano.

Presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Ecuador.

Docente Universitario

 

 

 

El fenómeno de El Niño no debe ser observado únicamente como un evento climático cíclico o una amenaza lejana. Para Ecuador, representa un riesgo sistémico que impacta de forma simultánea lo productivo, sanitario, logístico, económico y social. Su verdadera dimensión no está solo en la intensidad de las lluvias o el aumento de la temperatura del mar, sino en la convergencia de múltiples factores que pueden desestabilizar sectores estratégicos, especialmente el camaronero y el sector agropecuario.
La industria del camarón, uno de los pilares de la economía nacional, ha demostrado resiliencia, innovación y crecimiento sostenido. Sin embargo, su ubicación geográfica la vuelve particularmente vulnerable. Gran parte de su infraestructura piscinas, laboratorios, empacadoras, estaciones de bombeo y vías de acceso— se encuentra en zonas costeras expuestas a inundaciones, cambios abruptos de salinidad, interrupciones energéticas y deterioro logístico.
El riesgo crítico no es aislado. Se configura cuando coinciden variables adversas: incremento de la temperatura del agua, reducción del oxígeno disuelto, lluvias intensas, ingreso de sedimentos y contaminantes, colapso de carreteras y debilitamiento de los controles sanitarios. Este escenario puede generar mortalidad en cultivos, proliferación de enfermedades y pérdidas económicas de gran escala.
Frente a esta realidad, la prevención no puede seguir siendo reactiva. Se requiere una estrategia nacional basada en ciencia, planificación y coordinación interinstitucional. Es imprescindible fortalecer los sistemas de monitoreo oceanográfico y meteorológico, implementar alertas tempranas eficientes y mejorar la gestión del riesgo en territorio.
A nivel productivo, es urgente promover protocolos técnicos adaptativos: manejo de densidades, control de calidad de agua, sistemas de aireación eficientes, diversificación de riesgos y fortalecimiento de bioseguridad. Paralelamente, la infraestructura crítica debe ser resiliente: vías elevadas, sistemas de drenaje adecuados, respaldo energético y planificación territorial que evite asentamientos en zonas de alto riesgo.
El fenómeno de El Niño no puede evitarse, pero sí puede gestionarse. La diferencia entre crisis y resiliencia radica en la anticipación. Ecuador tiene el conocimiento técnico, la experiencia productiva y el capital humano para enfrentar este desafío. Lo que se requiere ahora es decisión política, inversión estratégica y una visión preventiva de largo plazo.
Convertir la amenaza en oportunidad depende de actuar antes, no después.