Opinión

El estilo ‘old money’ es una reafirmación del clasismo y blanquitud del pasado

El estilo o estética old money lleva meses en tendencia entre los adolescentes y jóvenes del mundo. En redes sociales, sitios y medios, la gente busca cómo vestirse para aparentar una estética asociada a familias que son muy adineradas desde hace varias generaciones.

La idea es marcar una distinción entre el nuevo rico y quien lo ha sido desde hace mucho tiempo. No solo por la riqueza heredada, sino también por una estética particular de vestimenta: colores neutros, prendas lisas (sin logos), mocasines, playeras tipo polo, suéteres de “ochos”, faldas de tenis, perlas y otros accesorios. Y también códigos y actitudes que, en realidad, son tributo a la blanquitud y a la delgadez, características que se asocian a la riqueza a nivel global. ¿Por qué alguien querría ser “rico” como las hermanas Kardashian o el exboxeador afroestadounidense Floyd Mayweather, si se puede ser “adinerado” como Jackie Kennedy o un aristócrata inglés?

Históricamente, la publicidad y la moda han estado mayoritariamente ocupadas por personas blancas y delgadas. En las últimas décadas se ha intentado escapar de este canon eurocéntrico y se han creado nuevas tendencias, estilos, cortes y estampados que reflejan mayor diversidad. Incluso, los personajes aspiracionales también han cambiado, como lo es la familia Kardashian.

Sin embargo, hay quienes creen que esta nueva diversidad y pluralidad es ya el statu quo y que vestirse siguiendo la estética old money resulta contracultural e innovador; que vestir elegante y refinado es la verdadera rebeldía que rompe con lo establecido. Están equivocados: esta tendencia es clasista, conservadora y está cimentada en un pasado racista que va en contra de las conquistas de igualdad y representación que hemos logrado.

La estética old money respalda un canon que ha dominado históricamente y desde el que se ha establecido que ciertas estéticas y gestos son de “buen gusto”, para desde ahí descartar todo aquello que no se apegue a la norma. No se puede ser rebelde desde la tradición.

En TikTok, la app con más descargas en 2021 y donde la mayoría de las y los usuarios tiene entre 10 y 19 años, el fenómeno de la estética old money ha cobrado mucha fuerza: el hashtag #oldmoney suma 1.8 billones de visualizaciones.

Esto ha provocado que incluso quienes han sido un modelo a seguir en la última década, como el klan Kardashian, esté intentando cambiar su look. Un texto de Alba Correa en la revista Vogue señala que en los últimos meses la familia ha pasado de tener una estética streetwear (caracterizada por el uso de ropa deportiva, holgada y tenis) a una old money. Según la autora, este cambio no es solo respecto a su vestimenta, también lleva de por medio una pérdida significativa de peso que podría revitalizar una idea de belleza donde la delgadez es el modelo a seguir. Algo peligroso si se toma en cuenta los trastornos alimenticios que esto podría generar o fortalecer.

Por años la industria de la moda solo dio visibilidad a cuerpos delgados donde modelos como Kate Moss eran sinónimo de belleza. El deseo por querer encajar en esos estándares desencadenó trastornos alimenticios y una cultura de la dieta que todavía recuerdan quienes eran adolescentes en los 2000. Es apenas en 2014 que los cuerpos curvilíneos y con grandes glúteos (estética Brazilian butt lift) como el de Kim Kardashian o Iggy Azalea comenzaron a ponerse de moda. Que las Kardashian pierdan peso, por muy intrascendente que pueda parecer, es importante por el poder mediático que tienen y el impacto que pueden generar.

Esta defensa de la blanquitud, la delgadez y la riqueza parte de un contexto donde, según datos de la Reserva Federal de Estados Unidos, en ese país 83% de la riqueza la posen personas blancas. En México, una investigación del Colegio de México señala que “a mayor riqueza del hogar, mayor el porcentaje de personas con piel más clara”. Incluso la preferencia por la delgadez, según la socióloga Sabrina Strings, tiene que ver también con un tema de racismo hacia los cuerpos no blancos.

La estética old money representa un pasado donde la exclusión era lo habitual. La aspiración de querer parecerse a las familias ricas de generaciones atrás debería pasar también por la pregunta y la reflexión del origen de ese dinero, que en países colonialistas y esclavistas puede provenir de la esclavitud y el despojo.

Por supuesto, podemos usar prendas desvinculadas del contexto histórico y político al que pertenecen y reapropiarlas de nuevos significados. Pero si la aspiración no es solo hacia la forma de vestir, sino al estilo de vida y valores, se vuelve una celebración y acto que trae el pasado al presente, dándole persistencia a valores que chocan con muchas batallas políticas relacionadas con la inclusión que se han ido ganando. Es una forma de empaquetar estéticamente el colonialismo, el clasismo y la blanquitud, lugares desde los que se ha ejercido una opresión histórica.

Esta tendencia surge como respuesta al regreso de la moda de los 2000 (Y2K) y al streetwear impulsado por el hip hop, el reggaetón y el mismo klan Kardashian. Para el canon esas tendencias con estampados, pantalones con tiro bajo o a la cadera, cinturones de cadenas o de plástico, es vulgar mientras que lo old money es elegante. Hay que entender que la ropa no es solo ropa y que, en una sociedad donde la apariencia se juega en el espacio público, la estética también puede servir para generar exclusión.

 The Washington Post