Economía

El escudo financiero de Rusia se debilita a un ritmo alarmante: sus reservas de emergencia caen un 50%

La gran resistencia rusa frente a los elevados costes de la guerra y las sanciones de Occidente se ha debido a numerosos factores.

 

Una gran demanda de petróleo, ingresos inesperados… pero uno de los mayores escudos del país, que han servido para salvar sus presupuestos y su moneda, ha pasado bajo el radar: el Fondo Nacional de Riqueza de Rusia (NWF). Este vehículo es un fondo de emergencia creado originalmente para ‘nivelar’ la volatilidad del mercado petrolero en las cuentas rusas y generar plusvalías por el camino, sin embargo desde 2014 ha tenido un propósito muy diferente: actuar como un colchón financiero, seguir alimentando el gasto ruso y apuntalar su moneda.

Ahora los expertos han puesto el foco en este ‘motor secreto’ de Rusia que ha visto cómo sus reservas líquidas ya se han desplomado un 50% desde la invasión de Ucrania, justo en el momento en que el país euroasiático necesita un mayor gasto para afrontar un nuevo año de operaciones en Ucrania, además de otros desafíos. De hecho, la propia Rusia ha cambiado este mes su legislación para acelerar la salida de liquidez de este fondo hacia las cuentas rusas.

El NWF fue creado en 2008 cuando el Fondo de Estabilización de Rusia se dividió en dos vehículos. Por un lado, el Fondo de Reserva, que se dedicaba a invertir en activos de bajo rendimiento en el extrajero y, por otro, esta sociedad, que se dedicaba a recibir parte de las plusvalías petroleras e invertir en activos de mayor riesgo. Finalmente Rusia disolvió el primero y convirtió al NWF en su gran pilar ‘inversor’, especialmente desde 2014, cuando invadió Crimea y comenzaron las primeras sanciones y empezó a reducir su exposición internacional.

Hasta ese momento la idea era utilizar el fondo para evitar que un superávit petrolero o un déficit supusieran sobresaltos en su gestión presupuestaria, otorgando estabilidad a través de un vehículo que funciaría al margen y que ofrecería rentabilidades todos los años con esos ‘remanentes’ del oro negro. Actualmente, además de protagonizar numerosas operaciones de compraventa de rublos con el Banco Central de Rusia, este fondo es uno de los grandes propietarios de todas las empresas rusas como Sberbank (posee el 50%). También es el mayor inversor en numerosos proyectos como la fabricación de aviones comerciales o multitud de plantas energéticas como la de GNL en Yamal.

La última década Rusia utiliza este fondo como un jugador clave en su defensa nacional. Para empezar, acumulando activos líquidos de forma masiva para, en caso de sanciones o problemas geopolíticos, poder utilizar estas reservas como gasolina. Por otro lado, utilizar parte de los mismos para invertir en empresas estratégicas para Rusia y desarrollar su tejido industrial ante la amenaza de una fuga inversora.

Según los últimos registros del ministerio de Finanzas, el fondo público ha visto cómo sus activos líquidos se desmoronan casi un 50% hasta los 57.000 millones de dólares (el 2,7% del PIB) frente a los 112.700 dólares que habían amasado antes de la guerra. A pesar de que cuenta con activos no líquidos, la realidad es que muchos de estos se deben a inversiones que el fondo ha realizado para mantener en funcionamiento su economía y, en la situación actual, no parece que pueda tener acceso a los mismos. El volumen total de sus activos ha caído ‘solo’ un 12,2%, sin embargo, desde Oxford Economics explican en su último informe que “el tamaño total del NWF es irrelevante porque todas estas inversiones son totalmente ilíquidas en su mayoría, con acciones en su cartera y proyectos de infraestructura, solo el ‘cash’ puede considerarse una reserva para tiempos difíciles, el resto no existe”.

En ese sentido Rusia se enfrenta a una era de gasto récord. Para empezar, el presupuesto aprobado para 2024 contempla un incremento del 30% del gasto militar para llevarlo a los 376.700 millones de euros. Esto se ha mezclado con un déficit que venía de 2023, en el que se incidió en u n 2% en negativo del PIB. En ese sentido, con los mercados financieros occidentales cerrados, el país ha buscado consistentemente evitar endeudarse y, para ello, recurre de forma activa a este ‘fondo’. El déficit en cualquier caso, parece que no va a irse a ningún lado y ya en enero se registró un resultado negativo de 3.300 millones de dólares. Según sus estimaciones para 2024 esperan un déficit de 1,6 billones de rublos o 9.500 millones de dólares.

Problemas económicos

Desde el propio gobierno y el Fondo Monetario Internacional se habla de “tiempos difíciles” para la economía euroasiática. A pesar de que el organismo internacional elevó sus previsiones de crecimiento al 2,6% defienden que se trata de un crecimiento artificial derivado del gasto público por la guerra, pero que, bajo esas cifras, la economía real de Rusia se encuentra en horas baJas. “Se trata de una economía de guerra en el que un Estado con un colchón considerable, construido durante un década, está comprando para financiar el conflicto” Kristalina Giorgieva, presidenta del FMI.

En ese sentido “si uno se fija, la producción está aumentando para fines militares pero el nivel de consumo está bajando, tal y como pasaba en la URSS, un alto nivel de fabricación pero un bajo nivel de consumo”. El ministerio de Economía de Rusia mostró en su última presentación que en 2024 esperan que el gasto en Defensa suponga el 40% de todo el presupuesto. El Foro Oficial de Política Monetaria e Instituciones Financieras (OMFIF, por sus siglas en inglés) coincidía y remarcaba como la alta inflación y los altos tipos de intereses está causando estragos en su economía.

“Aunque está claro que Rusia podría soportar esta situación durante algunos años más por sus potentes amortiguadores, se está generando un importante golpe para la economía a medio plazo”

 

“Si se miran los datos de forma superficial se puede hablar de una economía ‘resistente’ frente a los costes de la invasión” expli Mark Sobel, presidente de OMFIF, pero “esto es una visión cortoplacista que no habla de la realidad de una degradación económica clara”. Desde el foro explican “aunque está claro que Rusia podría soportar esta situación durante algunos años más por sus potentes amortiguadores”, se está generando “un golpe para la economía a medio plazo” que ya parece inevitable.

Esto ha provocado que Rusia recurra de forma masiva durante este año a su fondo de emergencia. Para poder hacerlo a un ritmo acelerado ha recurrido a un cambio legal que, concretando en lo que permite a Rusia retirar más activos. Este mismo mes de enero, la Duma confirmó la nueva normativa del Kremlin, a través de la cual el NWF no recibirá los 11,5 billones de rublos que esperan su presupuesto por ingresos petroleros, sino que la práctica totalidad irá a su presupuesto.

Hasta ahora esto no había sido un problema, pues Rusia había retirado la liquidez del superávit del petróleo. De hecho, en 2022 se retiraron cerca de 16.200 millones de dólares que habrían ido al NWF por los altos precios del barril directamente a sufragar el gasto militar- En 2023 hubo un ley especial para la retirada de 38.100 millones de dólares, al tiempo que se vendían 32.000 millones activos líquidos ‘extra’ durante el transcurso de ese año para cubrir dicho déficit.

Estas retiradas masivas provocaron, entre otras cosas, que se quedasen sin ninguna liquidez en euros en sus balances. Por otro lado, el propio ministro de finanzas, Anton Siluanov, explicó que “dada la situación de los precios de la energía hemos decidido usar el Fondo Nacional, pero si vemos que sus activos siguen disminuyendo, tomaremos otras medidas porque no nos interesa dejarlo sin un céntimo”.

El petróleo será la clave

Según el analista de Bloomberg Economics, Alex Isakov, en caso de seguir usando esta ‘herramienta’ “nos estaríamos acercando al final de estas Reservas para finales de 2024, por lo que Rusia ya está dejando de tener un ‘seguro’ contra los precios bajos del petróleo”. Por su parte, el experto concluye que “cuando este stock de activos liquidez caiga más Rusia se volverá mucho más vulnerable a las crisis”, aunque todo depende del precio de exportación al que se mantenga el petróleo de los urales.

Todo depende de que se cumpla el límite de ‘retorno’ que marca la diferencia entre que el fondo aporte los ingresos esperados o si supondrá un golpe en las ambiciones rusas. Este es los 60 dólares el barril (según el precio de los urales). En caso de no lograr esta cifra los expertos de Renaissance anticipan una reducción de 1 billón de rublos como mínimo. Por su parte los expertos de CentroCreditBank dan por hecho que el barril de los urales, de media, cotizará en el entorno de los 50 dólares por barril.

“Los descuentos en los precios del petróleo ruso aumentaron y los precios de referencia del petróleo disminuyeron”

Actualmente, este precio de referencia ha cotizado en una zona muy segura para los intereses de Rusia, situándose actualmente en los 74,6 dólares por barril. Sin embargo, durante buena parte de 2023 ha estado por debajo y existen serias dudas de que este equilibrio puede mantenerse este año. En particular ahora que está teniendo problemas para mover el petróleo con su ‘flota fantasma’. Sin embargo, el ministro ruso de energía, Alexander Novak, ha afirmado en su última rueda de prensa que espera que supere os 70 dólares. Sin embargo, las fuertes divergencias sobre la demanda de crudo que mantienen la OPEP y la Agencia Internacional de la Energía pueden marcarlo todo.

De momento los últimos datos, por parte de Rusia van en contra de los intereses del Fondo Nacional. Según la AIE, los ingresos de la exportación de petróleo ya están en su nivel más bajo en seis meses, al generar en diciembre 14.400 millones de dólares. “Los descuentos en los precios del petróleo ruso aumentaron y los precios de referencia del petróleo disminuyeron”, explicó la agencia en un comunicado.

“Todo depende de los precios de la energía” explicaba Sulianov. “Si no son suficientes probablemente utilicemos el fondo”. Sin embargo, sus escenarios son optimistas y apuestan por unos ingresos petroleros récord que no solo permitan financiarse. Sin embargo, en cualquier caso esperan que la reducción se mantenga en 11,1 billones de rublos (112.000 millones de dólares) para 2025 y hasta 13 billones para 2026. Esto en el escenario de un petróleo por encima de los 60 dólares.

Fuente: Revista El Economista