Opinión

El Escudo de las Américas, sí está dando resultados

Francesco Aycart
@fmaycart – Guayaquileño, Barcelonista y anticentralista

Colaboración de  Desde mi Trinchera

 

 

 

 

Hace algún tiempo aprendí que hay personas que tienen una extraordinaria capacidad para encontrar problemas incluso cuando las cosas comienzan a funcionar, si llueve, porque llueve, si no llueve, porque no llueve, si el Gobierno actúa, porque actúa y si no actúa porque no actúa. Y en Ecuador, donde la política muchas veces parece haberse convertido en una competencia para demostrar quién anuncia primero la próxima desgracia, tenemos verdaderos especialistas en esa materia, los famosos profetas del desastre, aquellos que siempre tienen lista la explicación de por qué nada va a funcionar, por qué todo está mal y por qué cualquier decisión diferente debe ser necesariamente sospechosa.

Es por eso que resulta interesante mirar lo que está ocurriendo con el Escudo de las Américas, porque esta vez no estamos hablando únicamente de discursos, reuniones, fotografías o declaraciones diplomáticas, estamos empezando a hablar de operaciones, cooperación militar, inteligencia y resultados concretos, y cuando los hechos comienzan a aparecer, hasta los pronósticos más pesimistas tienen que sentarse, aunque sea por un momento, a revisar sus argumentos.

El narcotráfico nunca fue solamente un problema ecuatoriano, aunque durante años lo tratamos como si lo fuera, mientras las organizaciones criminales entendían perfectamente que podían cruzar fronteras, utilizar rutas marítimas internacionales, mover dinero, cambiar vehículos, reemplazar operadores y conectar sus actividades con estructuras que operaban mucho más allá de nuestro territorio, nosotros seguíamos intentando responderles principalmente con herramientas nacionales, como si el enemigo estuviera dispuesto a respetar nuestras fronteras mientras nosotros cumplíamos todos los protocolos internacionales para no violentar los “DD.HH.” de los delincuentes.

El llamado Escudo de las Américas comienza precisamente desde esa premisa, unir capacidades frente a un enemigo que ya trabaja unido, y aquí aparece uno de los primeros elementos que debemos reconocer, la capacidad tecnológica, de inteligencia y de vigilancia que puede aportar Estados Unidos, complementada con el conocimiento territorial y operativo de nuestras Fuerzas Armadas, porque una cosa es tener información y otra muy distinta es saber qué hacer con ella, una cosa es detectar una ruta y otra poder intervenirla; y una cosa es saber que existen redes criminales y otra tener la capacidad de golpear su logística.

Claro que los profetas del desastre tendrán siempre algo que decir y seguramente está bien que lo digan, porque en democracia nadie tiene la obligación de aplaudir al Gobierno, pero también sería bueno que quienes critican aprendan a distinguir entre fiscalizar y negar, porque fiscalizar significa preguntar cuánto cuesta una operación, bajo qué normas se realiza, cuáles son sus resultados, qué controles existen y qué garantías se respetan, mientras negar significa decir que nada sirve antes siquiera de observar los resultados.

Ecuador no puede darse ese lujo, porque hemos tenido demasiados años de discusiones políticas mientras las estructuras criminales seguían avanzando. Ahora necesitamos una evaluación distinta, basada en inteligencia, estadísticas, resultados operativos, reducción de rutas, afectación de las finanzas criminales y recuperación efectiva del territorio, porque solamente así sabremos si esta estrategia está produciendo el cambio que todos esperamos.

Por eso tampoco hay que cantar victoria antes de tiempo, porque sería ingenuo pensar que una operación exitosa significa que el narcotráfico desapareció, estas organizaciones tienen dinero, capacidad de adaptación y conexiones internacionales, pero tampoco podemos caer en el extremo contrario de negar cualquier avance porque políticamente no nos guste quién está gobernando, porque entonces terminamos siendo prisioneros de nuestras propias posiciones.

Debemos llegar a ser un país donde los resultados sean reconocidos cuando existen y cuestionados cuando corresponda, independientemente de quién esté en el poder, porque la seguridad no pertenece a un partido político, pertenece a los ciudadanos, y si el Escudo de las Américas consigue fortalecer nuestras capacidades, golpear las rutas del narcotráfico y devolver presencia estatal a territorios donde el crimen había ganado espacio, habrá cumplido con una función que va mucho más allá de cualquier gobierno de turno.

Dejemos que hablen los resultados, que trabajen nuestros militares, que se coordinen los aliados, que las autoridades rindan cuentas y que los profetas del desastre, por una vez, esperen a que los hechos terminen de hablar, porque quizá el mayor problema para quienes viven anunciando el fracaso es descubrir que, algunas veces, las cosas sí pueden comenzar a cambiar y podamos decir todos con mucho orgullo y esperanza: El Escudo de las Américas, sí está dando resultados.

Atentamente,

Mgs. Francesco Aycart C., Ph. D.