Opinión

EL ENVIADO DE LAS ESTRELLAS, SE ESTRELLÓ CONTRA LA ROCA.

Antonio Aguirre Medina / Guayaquil

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Contra viento y marea, un payaso adéfesioso e histriónico, parlanchín profesional y fiel discípulo del innombrable jefe de la manada ovejuna, tendrá que regresar a su segundo hogar, ubicado en un rancho penitenciario cercano a la ex Perla del Pacífico, para hacerle compañía a un delincuente contumaz. No se sabe a ciencia cierta si él se comió a los roedores o si los roedores se lo comerán a él.

Faltaría en ese festín de delincuentes organizados la figura más importante, que a pesar de ser el maquinador de toda la corrupción ecuatoriana, se pasea por el mundo burlándose de sus incalculables fechorías e incitando a un gobierno extranjero a bloquear el Puerto de Guayaquil, en clara y evidente traición a la patria que lo vio nacer. Para mayor deshonra nacional, continuará vanamente intentando llevarse lo que no alcanzó a desaparecer.

De ser así, se podría repetir el viejo refrán que dice: «DIOS LOS CRÍA Y EL DIABLO LOS JUNTA».