Opinión

El enigmático Olmedo

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil

 

Un hombre apacible y delicado de salud que quería vivir una vida tranquila, rodeado de su esposa, hijos y musas, terminó siendo el centro de atención de una ciudad y luego de un país que buscaron cambios en lo político, económico y social. Él no nació para llamar la atención ni tener vida de sobresaltos, como lo expresó repetidas veces en sus cartas a familiares y amigos. Contra sus deseos, tuvo que aceptar cargos de grandes responsabilidades y al hacerlo puso todo su empeño en cumplirlas.

Su primer puesto de importancia fue como legislador en España (1811-1814), cuando se crearon las Cortes de Cádiz para elaborar la primera constitución española y lograr leyes a favor de Hispanoamérica. Su primer cargo que puso a prueba sus aptitudes de líder fue cuando ejerció la jefatura del gobierno de la provincia de Guayaquil, entre noviembre de 1820 y julio de 1822; supo dirigir, escuchar, comunicar e inspirar. Mostró ser enérgico y cuando defendió a su ciudad y pueblo, tuvo expresiones fuertes a Bolívar y Sucre, al pretender imponer sus ideas. A Escobedo lo expulsó por haber querido abusar de los españoles y quedarse con sus dineros, entre otras irregularidades. Pero en julio de 1822, cuando fue destituido de su cargo, en la forma como Bolívar lo hizo, sin ninguna consideración, Olmedo sufrió duro golpe sicológico y también gran decepción de guayaquileños cercanos a él, que le dieron la espalda. Este desafortunado evento, sin lugar a duda, marcó un cambio en su comportamiento futuro. El liderazgo como jefe de gobierno no se vio en su posterior vida pública, quizá en 1845 cuando aceptó ser presidente del gobierno provisorio que duró pocos meses. En los diferentes cargos, a ratos dio la impresión de sentirse inseguro en ciertas decisiones a tomar; quiere complacer a muchos a la vez y sabe que no lo puede hacer. Su relación simpatía/odio con Bolívar y Flores no tiene explicación racional. Tuvo reacciones inexplicables frente a ciertos sucesos. La única que podría explicar esas relaciones es que no le gustaba tener adversarios ni enemigos, prefería callar. Pero al final de los días de Bolívar estaba muy claro que Olmedo se había decepcionado de su héroe y educadamente no tenía interés en mantener la relación.

Olmedo fue propuesto para numerosos cargos públicos de importancia; declinó la mayoría de las nominaciones. No aceptó ser juez en 1824, la presidencia de Ecuador en 1835, habiendo sido elegido legislador; no aceptó estar en el Congreso de 1837, ni el de 1843; no aceptó ningún ministerio ni asumir delegación diplomática, salvo viajar a Perú para tratar de traer los restos mortales de La Mar. Aceptó la Gobernación por pocos días hasta que Rocafuerte regresara de Quito. Durante la presidencia de Rocafuerte, declinó importantes funciones, incluyendo el cargo del periódico oficial. Irónicamente aceptó puestos inferiores: administrador de sales de Babahoyo, subdirector de educación, corregidor, miembro de la Junta de Caminos. Todos estos puestos los tuvo en los últimos cinco años antes de fallecer, cuando su situación económica era deplorable. ¿Por qué no aceptó cargos públicos más importantes que hubieran significado mayores ingresos para él?

En la mayoría de las misiones que aceptó a nombre de los gobiernos, tuvo que financiar los gastos de su propio bolsillo. Sucedió cuando estuvo en las Cortes de Cádiz, cuando vivió en Londres y París, cuando viajó a Perú a tratar de traer los restos mortales de José Lamar a Ecuador. Cuando falleció, Olmedo era acreedor del gobierno ecuatoriano. Olmedo conoció el fracaso, pero este jamás lo venció; frente a las más duras derrotas, mostró optimismo y elevó la moral de subalternos.