Opinión

¿EL ECUADOR PAIS FEDERAL?

Antonio Palacios Frugone/Guayaquil

Vivimos en un país increíble, maravilloso con una naturaleza que es envidiada por muchas naciones en el mundo, sin embargo, hemos creado una patria convulsionada, donde cada día es más difícil vivir, tratamos de inventar el agua tibia, para así poder enjuagarnos la cara y avanzar a nuevas experiencias.

No soy ningún experto en leyes o normas para nuevas formas de desarrollo, lamentablemente, el estancamiento y el retroceso, forman parte del camino que como republica hemos creado. No obstante, la lógica está arraigada en nosotros, permitiéndonos pensar que, a base de un análisis, se puede trasmitir la visión que tenemos de cualquier tema a ser tratado, llevándonos a la conclusión ¡qué! siendo nuestra república un estado constitucionalista de derecho y justicia social, es democrática, soberana, independiente, unitaria, plurinacional y laica, gobernada de manera “descentralizada” tal como dice la constitución. Lamentablemente funciona centralizadamente por medio de un gobierno que no distribuye los ingresos igualitariamente, de acuerdo con la población y otros estándares, circunstancias que nos lleva a ver la necesidad de buscar nuevas alternativas, para solucionar un error que nos está llevando al colapso de nuestra convivencia, donde se percibe y se vive en desigualdad, sin infraestructura en relación con el siglo en que nos encontramos, en un país donde la naturaleza nos ha provisto de todo.

El federalismo, consiste básicamente en la mejor distribución de la riqueza en las diferentes regiones que conforman el estado, llámense provincias o de cualquier tipo, siendo lo importante la solidaridad de aquellas que producen más, con las que por diferentes aspectos no lo hacen en la misma proporción, ayudándolas hasta lograr el equilibrio necesario, con la obligación de la entrega de un aporte al estado central (gobierno), para que sea este el que vele por la conducción administrativa del país.

Suena muy bonito e ideal el cambio, sin embargo, este cambio de actitud hay que hacerlo a través de políticos, honestos, capaces, con moral inquebrantable, lo que me lleva a preguntar, ¿dónde están?, ¿dónde los encontramos?

Si ellos son precisamente, los que encontrándose en la asamblea o fuera de ella guiando a partidos políticos, nos mandan en épocas de elecciones a votar por el menos malo, escogiendo sus representantes no por su preparación académica o moral, sino por la popularidad que puedan representar, para a base de votos, manejar a su antojo el país; cómo podemos creer en asambleístas que por el “bien del país”, votan por la impunidad de los diferentes actores en los hechos acontecidos de octubre del año dos mil diez y nueve, o de líderes que reconocen que están rodeados de políticos desprestigiados, cretinos, sin vergüenzas, mirando en el ojo ajeno lo que es incapaz de ver en el propio, o politiqueros que se sacrifican para pactar con ladrones, siempre haciéndolo por el ideal “país”, sin acordarse de juramentos donde prometían jamás claudicar principios.

El país no cambiara mientras existan estos políticos, ¡que siendo!, quieren hacernos parecer que no son!, mediante discursos y exposiciones de primera, manteniendo la lucha por el engaño y así seguir contaminando al estado y a los crédulos votantes.