Opinión

El diploma no garantiza un empleo

Estamos habituados a escuchar un diagnóstico de las deficiencias de nuestro nivel medio de educación . El dato al que más se hace referencia es a sus dificultades para titularizar a los alumnos y se argumenta que la graduación es una condición necesaria para mejorar las posibilidades de empleo . Esta última aseveración, «la titulación secundaria es la condición del empleo», se ha transformado en una verdad incuestionable sobre la cual se escriben artículos, se pronuncian discursos, se proponen proyectos y se legitiman las políticas.

La afirmación permite sostener la tradicional promesa de progreso que establece un nexo directo entre los títulos logrados y las posibilidades en el mercado de trabajo. A pesar de que muchas de estas verdades han sido desmentidas por los hechos, la enunciación a la que nos referimos se mantiene incuestionada. En parte porque es funcional para todos y además es posible fundamentarla recurriendo al dato estadístico que muestra que quienes han alcanzado mayor titulación ostentan una tasa de desempleo más baja.

Sin embargo, como todos sabemos, las estadísticas sirven tanto para mostrar como para ocultar. Hace unos años la revista Propuesta Educativa publicó un artículo de Alejandra Sendón que mostraba que para 2010 esta relación lineal entre uno y otro término (titulación y empleo) no era así cuando se consideraba el origen socio-económico de la población.

A esta altura del argumento conviene aclarar que la educación aporta a las personas, sea cual sea su origen social, un capital cultural beneficioso para desempeñarse en cualquiera de las dimensiones de la vida social y con consecuencias también provechosas para la sociedad donde vive. No cabe postular alternativas al derecho a la educación de todos.

Se me ocurre que hay que comenzar complejizando las relaciones entre condiciones sociales, trabajo y educación. Ninguno de esos factores se comporta hoy como lo hacía hace 50 años. De modo que habrá primero que entender cómo es hoy esa relación para luego pensar políticas que se asienten en la realidad y no en los supuestos. Este artículo trata de aportar algunos datos para iniciar ese camino.

Por: Guillermina Tiramonti,Argentina.