Opinión

El Deber

Por: Tony Cedeño

Escritor / Poeta / Motivador

“La meta final de la verdadera educación es no sólo hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza; no sólo personas justas, sino con hambre y sed de justicia.”

  • John Ruskin

El servicio es inherente y parte medular de una nación, de sus ciudadanos, de sus actividades públicas y privadas, y de sus acciones en pro de una estabilidad política y económica que se encamine hacia el pluralismo, alejada de ámbitos beligerantes, de la disparidad y de acciones coercitivas y ominosas. Es crucial el ejercicio de la convicción para ayudar a mermar la tasa de vulnerabilidad de las clases sociales más desfavorecidas, permitiéndoles alcanzar independencia. A través del diálogo, la coexistencia, la libertad, el estudio y el fomento de nuestra historia y cultura, cohesionamos nuestra sociedad. En este contexto, la educación implica distribuir conocimientos de manera crítica, fortalecida por el amor hacia la enseñanza, que siempre está en proceso de avance y evolución.

En este campo, niños, adolescentes y adultos necesitan un patrimonio educativo sólido para acercarse a la excelencia, formando seres humanos sensibles y conocedores de las problemáticas que los rodean. Una tentativa que siempre convoca a la raza humana es el arte, porque su poder compensa y completa la experiencia histórica. Así, se anexa en el ser humano el poder creativo, de la imaginación y de la expresión, sea escrita, oral, pictórica, teatral, musical, cinematográfica o artesanal.

Por lo tanto, el ser humano debe adaptarse a los nuevos tiempos en campos de acción apoyados por el cultivo técnico y tecnológico de la ciencia, junto a los valores que fortalecen el marco democrático. Poniendo este principio en práctica, los bienes inalienables del ser humano se verán protegidos por un escudo armado de justicia.

Los pueblos del mundo requieren personas eficaces y honestas, comprometidas con principios éticos y morales, respetando ideologías, la naturaleza, su diversidad y fragilidad. En una sociedad más responsable y libre, las metas son más fáciles de alcanzar, pues cuando una generación hereda los logros de las anteriores, hay cohesión y un porvenir seguro.

Es necesario agregar altas dosis de sensibilidad y compasión en la especie humana, porque requiere más análisis autocrítico, canalización hacia la fe, fervor hacia Dios y compromiso por la vida. Como expresó Ferdinando Galiani, “El derecho consiste en el perfecto cumplimiento de los deberes del hombre hacia sí mismo y hacia los demás. Se cumplen perfectamente cuando, en cada caso, se combina el mayor provecho propio con el menor daño a los otros, o el mayor bien de los demás con el menor perjuicio propio.” El servicio a la Patria es una ofrenda que todo ciudadano debe depositar con su corazón, su capacidad de juicio recto, su esfuerzo y sus obras.