Opinión

El caso DHRUV

jj_campoverde@hotmail.com

@JuanCalambre

En Ecuador, desde que la revolución ciudadana entró en marcha, los casos de corrupción detectados han sido reportados y reprimidos con severidad; independientemente del partido político al que pertenezca el culpable.

Una administración sin corrupción depende de voluntad política más que de recursos. El más valioso para una empresa semejante es el humano, mientras sea incorruptible. Pero los honestos escasean, o son empujados a renunciar. Sin embargo, existe otro recurso de sobra, la trazabilidad: cualquier proceso burocrático requiere una firma.

Todo culpable puede ser rastreado fácilmente, el aparato estatal está hecho para que sea así. A pesar de ello, en el caso de los helicópteros DHRUV no hay culpables. No por la dificultad de encontrarlos, sino por la certeza de que no los hay. Se ha llegado a postular mala suerte, olvidando lo contraproducente que resulta admitir azar tanto en el ámbito militar como en el aeronáutico (por la nación y por lo humano, respectivamente).

Los culpables de las desgracias: error humano, falla mecánica, falta de mantenimiento, mala suerte. Sin olvidar el asesinato de un general de la FAE, extrañamente vinculado a la delincuencia común. A nivel oficial se mantiene que ninguna irregularidad penal se ha cometido con respecto a esos helicópteros.

Aparentemente los DHRUV siempre presentaron problemas, y el estado siempre mantuvo su postura de que todo estaba en orden. Ahora, siete años después, terminan el contrato. Al mismo tiempo el presidente dice que las fallas ocurren por falta de mantenimiento, lo cual sería negligencia nuestra, o de la empresa encargada de brindarlo, lo mismo en ambos casos. Aun así no sería un argumento para terminar el contrato.

¿Qué es lo que piensa cualquiera que ve esta realidad? Algo pasa con los helicópteros, el gobierno dice que no, hay desgracias fatales, luego el gobierno dice que sí, y termina el contrato.

A esto súmele: el ministro de defensa dice una cosa en cuanto al balance de pérdidas económicas y el contralor dice otra. Y finalmente, para rematar, una cereza al pastel: le tocan el tema al presidente de la república y su reacción es una invitación a pelear.

Con este panorama las palabras sobran, bien podría reemplazarse “caso DHRUV” por “misterio DHRUV”, o “cloaca DHRUV”; solo queda esperar que se destape. Mientras tanto, las novedades que aparecen cada día obligan a los ciudadanos a sacar sus propias conclusiones.

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