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EL CASADO, ESPACIO QUIERE

Los padres no deben interferir en las conexiones amorosas de sus hijos. Se deben establecer límites en la pareja para que no haya daños.

Los hijos siempre serán los bebés de mamá. No importa la edad que tengan, los padres siempre verán a sus hijos como necesitados, vulnerables, delicados y sensibles.

El problema llega cuando los padres se convierten en un impedimento para las relaciones de pareja de sus hijos, sea porque les cuesta entender que sus vástagos crecieron y han formado su propio hogar, o porque a los propios hijos les cuesta separarse de sus progenitores.

Andrea vivió toda su vida con sus padres. Ella salió de casa cuando se casó y los primeros días no fueron para ella la ‘luna de miel’. No podía dormir en una cama diferente y menos, acompañada. Su esposo roncaba y hablaba dormido. Sus noches se convirtieron en pesadillas y ella no dejaba de extrañar su casa, a sus padres. Cada que podía, corría a verles y se quedaba a dormir allí.

Así pasó meses. Su pareja creía que no le quería lo suficiente y los problemas se volvieron recurrentes.

Este tipo de situaciones es más común de lo que se cree. Sobre todo cuando existe una relación demasiado estrecha entre padres e hijos y no hay una comprensión de hasta dónde llega el espacio de la familia y cuándo empieza el de los esposos.

“La familia de la pareja puede llegar a ser una aliada o un problema en la vida matrimonial e incluso llegar a influir en la ruptura. En muchos casos, es evidente la injerencia de la familia en las decisiones y la convivencia de pareja. Esta forma de vincularse es bidireccional, un padre sobreprotector o controlador requiere de un hijo que necesite de su ayuda o intervención. Entonces habría que cuestionarse cómo estoy actuando, qué lugar tiene mi pareja en mi vida y cómo se siente ella al respecto”, señaló la psicóloga Carolina Espinosa.

Cuando la pareja no encuentra la reciprocidad de su esposo respecto del valor que se tiene hacia el matrimonio, se sentirá que no existe un compromiso real y llegará el sentimiento de ‘competencia’ de la pareja con los padres de su compañero.
Así, ella o él querrán demostrar que son ‘mejores’ que los padres, y tratarán de imponerse en las decisiones, con los problemas que esto puede traer a la relación amorosa.

“Si bien los encargados de cortar con la relación de dependencia con los padres son los hijos, planteándose que la familia prioritaria es la que se forma, no de la que se viene; para los padres es fundamental comprender que los hijos son adultos que pueden valerse por sí mismos, que necesitan crecer si no lo han hecho y que a través de la sobreprotección no les aportamos nada”, aclaró Espinosa.

Si los padres quieren lo mejor para sus hijos, deben bloquear cualquier intento de menosprecio hacia la pareja. No es bueno, pero es muy común que las suegras cuestionen la forma de cocinar, cómo organizan la casa, hasta la manera en que se visten sus nueras.

Se debe buscar que la pareja se desarrolle sanamente; que creen sus tradiciones y que empiecen una convivencia solos es fundamental.

Por: Revista Familía