Opinión

El carril de la Metrovía

Juan Javier Campoverde

jj_campoverde@hotmail.com

@JuanCalambre

 

En Guayaquil se ha incrementado el valor de las multas para quienes transiten por el carril exclusivo de la Metrovía.  El propósito: evitar congestionamientos. Muy bien.

Seguro se obtendrá lo que se busca: no habrá congestionamiento, de personas en las estaciones, y de buses en la vía exclusiva. Pero el tráfico propiamente dicho, el congestionamiento vehicular, permanecerá. Sobre todo en una ciudad en la que es difícil encontrar señalética coherente, y en especial, calles con carriles delimitados.

Un paseo por las afueras del centro comercial San Marino es una muestra de la falta de carriles en las calles. Las pocas veces que se ve señalética horizontal es una vergüenza, como se aprecia al pasar por el Hospital Luis Vernaza; o es una pesadilla, como se constata frente al aeropuerto, donde permanecen líneas antiguas y forman carriles cuyo propósito parecería ser generar caos. Hay kilómetros de ejemplos como estos.

La ordenanza municipal crea una nueva multa. No es un incremento en la multa de tránsito, sino otra multa. Por el momento, los conductores que contravengan tendrán dos formas de adquirir su deuda: por la ley de tránsito, aplicada por  agentes de la CTE; y por la ordenanza municipal, aplicada por la ATM mediante cámaras de vídeo.

Pedir a los conductores que no invadan el carril exclusivo de la Metrovía es aceptable. Pero es incoherente imponerlo, vía ordenanza municipal, cuando la ciudad no cuenta con los demás carriles debidamente señalados. El carril mismo de la Metrovía está pintado con errores propios de un novato, basta fijarse con un poco de sentido común.

Antes de demandar que los ciudadanos no invadan algún carril, el Municipio debería exigir a la CTE que la señalética esté al día. Por ahora, la Metrovía tiene un carril, el conductor civil ninguno; y nuestros soberanos, dos mecanismos para cobrar.

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