Opinión

El caos céntrico de Guayaquil

Daniel Tristancho/Guayaquil
Universidad Casa Grande

Como si no fuera ya suficientemente alarmante la separación de cuarenta y dos agentes metropolitanos por denuncias de extorsión, ahora el problema de la venta ambulante va en ascenso a un ritmo más elevado que nunca.

Son varios los detonantes de este fenómeno, que, por añadidura, trae consigo el hecho de que la mayoría de los vendedores ambulantes son extranjeros que no paran de llegar, huyendo de estados fallidos hundidos por el socialismo.

Los puestos improvisados, carpas y sus ocupantes han llenado las veredas de ciertas zonas del centro de Guayaquil, las cuales se han convertido en el albergue y puesto de trabajo de cientos de vendedores ambulantes que se establecen ahí por la falta de pasajes comerciales que genera el flujo de tránsito tan grande que están experimentando las fronteras y la pandemia que azota el planeta.

No solo la aglomeración de personas son los resultados de esta problemática, sino la creciente contaminación por residuos sólidos y la xenofobia que sufren ciertos grupos de personas que solo buscan sobrevivir en un mundo que ha sido devastador con ellos.

La alcaldesa debe buscar soluciones rápidas y efectivas al problema, ya sea reubicar a grupos de vendedores ambulantes en pasajes comerciales construidos en zonas aledañas o brindarles ayuda humanitaria de alguna otra clase. Está claro que es una tarea extremadamente complicada, pero no representa una opción voltear el hombro al problema.

Y ahora, que Perú se ha pintado de rojo por la victoria de Pedro Castillo y Colombia muy probablemente en un futuro lo hará, tenemos que mitigar esto antes de que se salga aún más de control y comience a generar graves afectaciones en la competitividad dentro de esta área de comercio, junto al potencial devastador que tiene con respecto a las perjudicaciones sanitarias.