Opinión

EL CAMPO NECESITA ALGO MÁS QUE TECNOLOGÍA

Ing. Agr. Mauro Erazo Velez.

Presidente del Foro Agropecuario Ecuatoriano.

Presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Ecuador.

Docente Universitario

 

 

 

Durante años, el desarrollo agropecuario en América Latina y particularmente en Ecuador ha estado marcado por un enfoque que hoy resulta insuficiente: la simple transferencia de tecnología. Bajo esta lógica, el técnico enseña y el productor ejecuta. Sin embargo, la realidad del campo ha demostrado, una y otra vez, que producir más y mejor no depende únicamente de insumos, maquinaria o recomendaciones técnicas. Depende, sobre todo, de las personas.
El llamado Modelo Integral de Extensión Agropecuaria plantea una ruptura necesaria con ese paradigma tradicional. No se trata de desechar el conocimiento técnico, sino de ubicarlo en su justa dimensión: como una herramienta dentro de un proceso mucho más amplio, profundamente humano, social y sistémico. Este cambio de enfoque no es menor; implica redefinir la manera en que el Estado, las instituciones y los propios actores rurales entienden el desarrollo.
La finca, por ejemplo, deja de ser vista como una simple unidad productiva para entenderse como un sistema complejo. En ella convergen variables climáticas, económicas, culturales, familiares y hasta emocionales. Pretender mejorar la productividad interviniendo únicamente en un componente —como la semilla o el fertilizante— sin considerar el resto del sistema, es una receta para el fracaso o, en el mejor de los casos, para resultados marginales. El enfoque sistémico que propone este modelo permite identificar con mayor precisión las verdaderas limitantes y, sobre todo, diseñar soluciones coherentes con la realidad del productor.
Pero quizás el cambio más significativo está en la forma de relacionarse con la comunidad. El principio de trabajar EN, CON y PARA el territorio no es solo una consigna metodológica; es una declaración de principios. Trabajar EN implica presencia real, conocimiento directo del contexto. Trabajar CON significa reconocer al productor como sujeto activo, portador de saberes y experiencia. Y trabajar PARA obliga a orientar todos los esfuerzos hacia resultados concretos: productividad, ingresos y bienestar.
Este enfoque transforma también el rol del extensionista. Ya no es el experto que dicta soluciones, sino un facilitador que acompaña procesos. Su tarea es más compleja, pero también más estratégica: ayudar a que el productor entienda su sistema, evalúe opciones y tome decisiones informadas. En paralelo, el agricultor deja de ser un receptor pasivo para convertirse en protagonista, experimentador e innovador dentro de su propia realidad productiva.
Desde el punto de vista metodológico, el modelo introduce un ciclo continuo que combina diagnóstico participativo, priorización de problemas, codiseño de soluciones, implementación, acompañamiento y evaluación. Este proceso tiene una virtud clave: permite aprender haciendo. En lugar de imponer recetas, genera capacidades. Y eso marca la diferencia entre un cambio temporal y una transformación sostenible.
En este contexto, el acompañamiento técnico adquiere una relevancia crítica. No basta con visitas ocasionales o capacitaciones aisladas. Lo que el productor necesita es presencia, seguimiento y confianza. Es en ese proceso donde se reducen los riesgos, se ajustan las decisiones y se consolidan los aprendizajes.
Finalmente, el modelo pone en el centro un elemento muchas veces subestimado: el aprendizaje comunitario. El verdadero desarrollo no ocurre cuando alguien enseña, sino cuando una comunidad aprende, comparte y evoluciona de manera autónoma. Cuando ese proceso se consolida, la dependencia del técnico disminuye y el territorio gana resiliencia.
El sector agropecuario ecuatoriano enfrenta desafíos estructurales: cambio climático, pérdida de competitividad, reducción de áreas cultivadas y mercados cada vez más exigentes. En ese contexto, seguir apostando únicamente por la transferencia de tecnología es, simplemente, insuficiente.
El futuro del campo no pasa solo por innovar en insumos, sino por transformar la forma en que se construye el conocimiento y se toman decisiones. El Modelo Integral de Extensión Agropecuaria no es una opción más; es una necesidad estratégica. Porque al final, el desarrollo rural no se instala: se construye, desde y con la gente.