Opinión

…El Camino de Santiago

Santiago Pérez S./Guayaquil

 

 

LA  IMAGEN  DEL  ESPEJO

Desde la mitología griega, ya se habla de la imagen espejada y su embriagante influencia; concretamente, de Narciso, hijo de Selene y Endimión; quien, al contemplarse en las quietas aguas de un estanque, quedó perdidamente enamorado de sí mismo. Y es que, en un espejo, hay quienes ven sólo lo que quieren ver; ignorando la verdad de la imagen reflejada.

Y será de esto, precisamente, que El Camino de Santiago tratará en este escrito.

Estos auto embelesamientos, se dan con mayor frecuencia de lo que podríamos suponer. Y claro, por supuesto, estos llegan al punto de perder la cabeza por uno mismo.

Pero, despejando las normales tendencias narcisistas, latentes en cada uno de nosotros, sería el PODER, la circunstancia que exacerba estos sentimientos con mayor intensidad.

Así nos ilustra la HISTORIA; ese molestoso registro de todo lo acontecido, que a veces quisiéramos reescribir; o mejor aún, eliminar.

Vemos entonces que, desde tiempos inmemorables, como los Grandes personajes han pagado por sus delirios de autocomplacencia; Paris, Helena, Julio César, Marco Antonio, Cleopatra, Ana Bolena, María Antonieta, Napoleón, Simón Bolívar, Mussolini, Rafael Correa, y otros, que alguna vez vieron su imagen en el espejo del PODER y la consideraron inigualable, incomparable, infalible y perfecta.

Esta característica tan particular, sale a flor de piel cuando el roce sensual y perturbador del PODER nos toca; y serían muy escasos los ejemplos de humildad, serenidad y objetividad, en personas que alguna vez ostentaron, u ostentan el PODER actualmente. El espejo, entonces, se convierte en su mejor amigo; pues, en su vanidad, los que ostentan el PODER, será en la única imagen en la que confiarán y a la única que le prestarán su más decidida y generosa atención. A sí mismos.

Las líneas que anteceden, no hacen sino describir con mayor detalle el alma y la personalidad de un político empoderado. Sin duda alguna. Es increíble e inusitado, el cambio radical de un político, antes y después de recibir el ansiado cargo. A partir de ese momento, la metamorfosis que se obra en su mente, inclusive en su físico, ha sido motivo de estudios, desde Platón, hasta Freud. Se convierte pues, en un ser totalmente diferente, a quien fue antes del PODER.

La confusión mayor, parecería ser que, los políticos consideran el PODER como una licencia ilimitada para servirse a sí mismos, cuando en realidad, el PODER, como su palabra lo indica, enmarca el PODER servir a la sociedad, a sus más nobles fines, buscando la justicia y el beneficio general, dando ejemplos de honradez, objetividad y disponibilidad, para atender las necesidades del conglomerado que lo eligió.

Por el contrario, en la mayoría inmensa de los casos, el PODER estupidiza, marea y desproporciona las personalidades de los políticos.

En estos momentos, tenemos un Presidente muy molesto con la ministra y los funcionarios que él mismo eligió y nombró; por actos y silencios supuestos, que él mismo nunca verificó, nunca controló, nunca documentó; y ahora, quienes tienen que pagar por su descuido y falta de objetividad, prolijidad y respeto a los bienes y necesidades de la sociedad que lo eligió, somos precisamente quienes lo elegimos y lo pusimos en el cargo que hoy ostenta, y que como todo político, lo siente como suyo por DERECHO, y no por elección republicana.

La imagen del señor Presidente en el espejo, que seguramente tiene consigo, le dirá otra cosa; pues a esos niveles de narcisismo, las imágenes hablan, aconsejan y deciden.

Pero, ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién le abre los ojos, y lo baja de su Olimpo, al violento, enérgico e intemperante Presidente de la República?

Esa noble labor, si fuéramos en realidad lo que nos gustaría ver en el espejo de nuestra sociedad ecuatoriana, no hay quien la ejecute. Nuestra Asamblea padece también un fogoso  idilio consigo mismo, creyéndose la Escuela Ateniense de Aristóteles; los ministros y secretarios, únicamente buscan seguir en sus cargos, después de la reelección; y nosotros, los ciudadanos, esperamos que los cortes de luz, no se conviertan en cortes de agua también, cortes de la transportación y finalmente, corte de la libertad democrática; que es a donde parecemos dirigirnos con inquietante premura.

Diga lo que diga el espejo, en el cual seguramente se mira el Presidente, nadie le cree que, luego de 6 meses de gobierno, luego de pasar sus supuestas leyes para ser aprobadas, sobre todo la de NO MÁS APAGONES; luego de idas y venidas al exterior, farra en España incluida, JAMÁS se le ocurrió VERIFICAR la situación energética del país; misma que conocía desde hace varios años; pues fue asambleísta, antes de ejercer la Presidencia; así que de sobra sabía y conocía en detalle  de su precariedad; de su amenazante gravedad; tanto como para que fuese la más urgente PRIORIDAD en su agenda.

La imagen del espejo no plantea soluciones; únicamente le dice que, culpa suya, no es. Que las malas son las nubes, la ministra, los asesores y viceministros, el calor, los aires acondicionados y ventiladores, y la maldita necesidad de los ecuatorianos de requerir fuerza eléctrica 24 horas al día, y no conformarse con tan solo unas dos horitas diarias. ¡Qué malos!

Nosotros elegimos un Presidente, no una imagen forjada a punta de ego y vanidad, en un espejo mentiroso. Elegimos una autoridad para que trabaje y solucione los gravísimos problemas que, otras espejadas imágenes, nos han creado y heredado a lo largo de los últimos 30 años. Peor aún, haber desperdiciado nuestro voto, para ser mudos testigos de su pelea de adolescente con la Vicepresidenta electa, que él mismo eligió y encumbró a esa dignidad, y que hoy, lo único que quisiera para ella, aparentemente, es que Irán o Hamas le cierren la boca.

Tampoco nos beneficia en nada, la serie de juicios por sabotaje y traición a la patria, si no presenta las pruebas y evidencias palpables e innegables, pues esa es una acusación MUY seria; que de ser verdad, merece ser conocida por TODA la sociedad ecuatoriana, con todo detalle y circunstancia.

Bien le haría a nuestro Presidente y su gobierno electo en funciones, dejar de verse en el espejo del Palacio de Carondelet; pues ya es hora de verse a sí mismo en los ojos angustiados, las necesidades insatisfechas, y la imagen verás en sus conciudadanos; pues ese SI es un espejo, en que todos quisiéramos ver su imagen.