Opinión

…El Camino de Santiago

Santiago Pérez S./Guayaquil

 

 

LA AMAZONA

 

De acuerdo con la mitología griega, Las Amazonas, hijas de Ares, eran quienes habitaban en la isla de Icaria, en Terma; donde constituían una sociedad exclusivamente femenina; en la cual los hombres eran únicamente aceptados para fines reproductivos. Si el producto de esa muy puntual unión resultaba varón, era inmediatamente asesinado; mientras si era mujer, pasaba a ser criada, formada y educada por ellas; sin intervención masculina alguna.

Esas, eran las Amazonas de la leyenda; feroces guerreras, ajenas a toda ley del hombre, superiores a ellos en su sentir y su capacidad total, temida fuerza muy bien organizada; en cuya existencia, el inferior hombre sólo contribuía en la concepción y nada más.

Pero ¿será que tenemos nosotros alguien que pretenda emular esa ferocidad, ese absoluto desprecio al status quo, y una pretendida superioridad, inclusive al margen de la ley?

Y será de esto, precisamente, que El Camino de Santiago tratará en este escrito.

A pesar de los dos cientos cincuenta y siete mil tres cientos setenta kilómetros cuadrados de área, que ostenta nuestro minúsculo país, inentendiblemente encierra varios, e irreductibles imperios, dentro de sí. Cada uno de ellos, con ideología, población, ejército y emperador propio. Increíble, pero cierto.

Esta variedad de subestadios, dentro del Estado, no hace más que contribuir al atraso, la desunión, el regionalismo, la confusión y, lo peor, la corrupción de nuestro chiquito Ecuador.

Uno de estos imperios irreductibles, inaccesibles, incuestionables e intocables, por supuesto, es el CONSEJO NACIONAL ELECTORAL. Este ente, de nombre tan rimbombante y “supremo”, no admite el menor afán de conocer e informarnos acerca de sus increíblemente secretas operaciones y extraños manejos de la voluntad popular, al momento de contabilizar, registrar y anunciar, los resultados de una elección.

Veamos este caso, más de cerca.

El CNE se encuentra regido por una emulada Amazona, quien, con dureza, desparpajo y falta absoluta de vergüenza, hace y deshace de este organismo, a su placer. Ella, se ha auto convencido de que es alguna legendaria princesa amazónica, enviada a nuestro mundo y nuestro país, a reinar, decidir y comandar, tal y cual como hacían Las Amazonas de la leyenda; todas ellas hijas de Ares, Dios de la Guerra, e igual: parecería que por su sangre corre mucha guerra, mucha violencia, mucho odio, hacia quien ose cuestionar su poder, sus desvergonzadas actitudes y declaraciones, sus obtusas e inentendibles falencias electorales en pleno proceso; así como su irrespeto absoluto a la Constitución de la República, las leyes administrativas y operativas que regulan la función electoral, los fondos y dineros públicos y peor; para quien la ética y la moral parecieran no existir, o no ser aplicables a su amazónica majestad. Ejemplo de ello, son las distintas demandas ante tribunales, a respetados, bien informados y laureados periodistas ecuatorianos, que se han atrevido a denunciar, exponer y publicar sus excesos, sus abusos y su aferramiento al poder, que ella supone como suyo propio.

No gobierna sola. Tiene sus adeptos, a derecha e izquierda, que solapan, esconden, desvanecen y niegan con absurdas justificaciones, todas sus trapaceas e irregularidades.

Además, debemos preguntarnos, ¿Quién sostiene y permite la permanencia de esta Amazona de bolsillo en el Tribunal, supuesto a ser la garantía de legalidad, seguridad y respeto a la voluntad popular en cada elección?

¿Qué tiene que decir el CONSEJO DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y CONTROL SOCIAL?

¿Dónde está la OBLIGACIÓN de la ASAMBLEA NACIONAL, de FISCALIZAR a todo FUNCIONARIO PÚBLICO, sea este quien sea?

Preguntas, por demás pertinentes; pues ha sido hasta hoy, clarísima su inclinación y su desfachatez al beneficiar ilegal e inconstitucionalmente al rebaño de la Revolución Ciudadana y a sus líderes supremos, el delincuente prófugo expresidente y su compinche, también delincuente prófugo, ex vicepresidente. Sin tapujos ni vergüenza, ha permitido a cuestionados personajes, con antecedentes y prontuarios, acusados de bárbaros crímenes y fechorías, acceder a las posiciones más encumbradas de la administración pública de nuestro país. Curiosamente, en su inmensa mayoría, todos estos cuestionados personajes, hoy asambleístas, prefectos, alcaldes, candidatos presidenciales, ministros y más, pertenecen a la hueste Correísta. Sin pestañear, ha calificado, autorizado, justificado y apoyado, toda irregularidad electoral cometida por esta asociación para delinquir, llamada Revolución Ciudadana.

Sin toser siquiera, se auto justificó una vueltita al mundo, supuestamente para conversar con ecuatorianos electores en el exterior, todo en primera clase, fotógrafo personal incluido, llegando a los mejores hoteles y, lo más sonado, con fondos públicos.

Nadie procede. Nadie reclama, Nadie fiscaliza a la Amazona; ¿será por miedo a su virulenta venganza?  Puede ser. Pues ante cualquier cuestionamiento, ella esgrime la bajeza moral de declararse atacada por su género, o por su raza. Jamás, eso sí, se ha dignado explicarnos que tiene que ver el género, o la raza, con el abuso de fondos públicos, con viajes alrededor del mundo, visitando 3 continentes de los 5; así como con el abuso desvergonzado de funciones públicas y prorrogarse indefinidamente en un cargo, que hace tiempo ya debió haber dejado.

¿Qué argumento más absurdo e inconsistente puede ser el esgrimir como ofensas de género, o de raza, el exigirle públicamente que explique en detalle sus oscuras gestiones y atrevidos despilfarros; a lo que, por demás, ¿está obligada por ley?

¿Hasta cuándo, los buenos ciudadanos de este país, permitiremos que estos personajes de historieta barata, como la Amazona, continúen expoliando nuestros dineros y beneficiándose de nuestro IMPERDONABLE silencio?