Opinión

EL CAMBIO DE ACTITUD ELECTORAL ES POSIBLE.

Jaime Flores Ojeda/Quito

 

Según la encuesta de CEDATOS de febrero, la credibilidad del presidente Noboa y la aceptación a su gestión, son asombrosas, incluso más altas de lo que tenía algún momento Correa. Esos datos, según la teoría, no son preferencia electoral ni intención de voto, pero en El Salvador, el presidente Bukele mostró lo contrario, al obtener una votación similar en la reelección, que el tiempo dirá si puede ser considerada una excepción o una modificación de la teoría estadística, que no toma en cuenta los cambios de determinada población en su actitud electoral, porque llegó al hastío que generan los mismos de siempre.

Una teoría fallida, no es nueva y más aún tratándose de datos estadísticos, por lo que surge la inquietud: ¿Podrá el presidente Noboa transmitir al electorado para la reelección, esa misma credibilidad y aceptación? Pienso que sí, pero todo depende que mantenga esos datos en base a gestión y esperemos que asomen otras encuestas para comparación, no de números ni para aplicar las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética, que recuerdo a un «estadístico» que le encanta hacer eso en época electoral, mezclando papas con pepas.

Si el presidente Noboa da puntillazos semifinales al correísmo, será una muestra que está sintonizando con lo que mandó el pueblo el 15 de octubre de 2023, con el descabello final, posteriormente, sabiendo que el candidato que prometa hacer eso en 2025 y cree confianza en el electorado que va a cumplir lo ofrecido, será el triunfador.

Hay que pensar que un egocentrista, megalómano, acomplejado social y prepotente, que creía saber todo, tuvo una aceptación popular muy alta, producto de la viperina que aplicaba todos los días y el convencimiento colectivo de ingenuos cada sábado, además de las dádivas destinadas a ciudadanos de clase media baja, de la línea de pobreza y bajo ella, sin olvidar la participación en los pasteles de sobreprecios y corrupción de gente que ahora le extrañan en estómago, bolsillo o las dos cosas.

El presidente Noboa es diametralmente diferente en esas actitudes y acciones y por qué no se puede pensar que Ecuador podría replicar lo sucedido en El Salvador que «Ha roto todos los récords de todas las democracias del mundo» y que eso no fue una mera coincidencia.